Un violento y aburrido desenlace

Alfred sabía perfectamente qué hacer. Siempre había estado unos pasos adelante y en esta ocasión no sería diferente, los iba a dejar con la boca abierta. Romper paradigmas era su especialidad y esa cualidad era muy apreciada en la tercera industria más valiosa de los Estados Unidos. La creatividad y el éxito marcaban su carrera, pero por algunos individuos de cabeza dura, tendría que tomar las riendas de este proyecto sin el apoyo de los grandes estudios. Alfred Hitchcock se saldría una vez más con la suya. Y así fue. En el año de 1960 Alfred Hitchcock transformó la industria del cine para siempre.

Todo comenzó al ser bloqueado en su más reciente proyecto, uno que a nadie le gustaba por sacudir las raíces más profundas de la sociedad americana de finales de los 50’s. Era violento, sugería relaciones inmorales y enfermedades maliciosas. Por estas críticas al proyecto, el maestro del suspenso tuvo que financiar el millón de dólares que costaba producir “Psycho”, uno de los filmes más icónicos de todos los tiempos. Pero pagar su película no era una innovación, era una oportunidad. Al ser dueño de su proyecto, lo controló completamente y de ahí surgieron varias ideas frescas para la joven y poderosa industria cinematográfica.

Para comenzar, la filmó en blanco y negro. Si bien ya existía el color en el cine, la censura jamás le permitiría presentar sangre en la pantalla, pero sin el ofensivo e intenso color rojo, la sangre de la famosa escena de asesinato en la bañera fue permitida. Otra gran innovación fue en la taquilla, pues el director de “Psicosis” fue muy estricto en prohibir la entrada a las salas de cine si llegaban tarde. Estableció los horarios de las funciones, y las filas para entrar a un cine se formaron por primera vez. La película lograba que la gente gritará del miedo al ver tanta violencia. Fue todo un éxito y Alfred reforzó su butaca de honor en la historia del cine.
Siempre he tenido una relación muy especial con el cine. Ya sea en una butaca que se mueve y me rocía agua en la cara, o recostado en mi sillón favorito, la experiencia de ver una buena película es para mí, inigualable. Y de verdad ver una película siempre es una experiencia única. Cuando vi por primera vez el clásico de Hitchcock, “Psicosis”, el resultado fue una gran decepción. ¿Cómo una película tan lenta y trama tan simple pudo hacer a alguien gritar de miedo, cuando yo luchaba por mantenerme despierto hasta el final?
La respuesta no se encuentra en la película, se encuentra en el espectador. En 1960 la gente jamás había visto sangre en una pantalla, ni siquiera de mentiras. Hoy, cualquier pantalla, es capaz de exponernos a un nivel de violencia gráfica que haría gritar a Hitchcock del pánico.

Otro elemento es el ritmo de la trama. Actualmente las series de televisión profundizan en cada personaje, mientras sus intereses y sus particulares historias se entretejen junto con los protagonistas y sus enemigos. Aprendimos a ver varias historias a la vez.
Finalmente la tecnología está cambiando la experiencia. Actualmente la calidad de las películas y series originales en servicios de streaming es incluso superior a las producciones de Hollywood.

Silicon Valley está proponiendo nuevas reglas del juego para una industria que sigue creyendo que nada la desplazará. Disney es la compañía que mantiene el liderazgo entre las empresas tradicionales, representando los estudios de cine tan sólo el 10% de su negocio, con todo y marcas como Star Wars y Marvel. Su valor completo como compañía es de 155 mil millones de dólares, comparado con Netflix y sus 141 mil millones de dólares, podemos ver como le están pisando la cola al ratón.

Los actores tampoco tienen mucho futuro, ya que los podrán sustituir actores digitales en unos 4 años más, sin poder distinguir entre el personaje real y el creado en computadora. Los escritores podrán ser remplazados por un creativo asistente inteligente, al punto que la trama podrá cambiar dependiendo de quien la vea.

Imagina que llegas a casa y le pides a Siri una historia emocionante, con algo de drama y un mensaje ecologista, para después de cenar poderla ver en la pared digital de tu recámara, o junto con tu esposa, de viaje al otro lado del mundo, en una sala de cine virtual. Sólo faltan las palomitas, que junto con una buena historia y una buena compañía, son lo único insustituible. Hasta ahora.
Si vas al cine, piensa que podría sacudirte tanto como para hacerte gritar, y reflexiona dos minutos tu tolerancia a la violencia, tal vez en 50 años alguien bostece viendo lo mismo.

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