Un viaje personal

Cuando Carl tenía 4 años, fue llevado por sus padres a la feria mundial de 1939 en New York, lo cual generó un gran impacto en el pequeño niño de Brooklyn. Las autopistas futuristas y los grandes edificios que planteaba el futuro en 1939 inspiraron al  científico del mañana. De su padre había heredado la actitud cuestionadora aunque ni él ni su madre se habían dedicado a la ciencia. A pesar de eso, sus padres (migrantes de origen ucraniano) siempre lo respaldaron en todos sus proyectos. La inspiración para que Carl Sagan se dedicara a la ciencia, llegó de la mano de la ciencia ficción mediante autores como H.G Wells y Edward Rice Burroughs; además de las historias de la revista “Amazing Science Fiction” donde la vida extraterrestre dirigió gran parte de su carrera.

El científico Carl Sagan tuvo todos los posibles reconocimientos que la comunidad científica podía otorgar en su época, y estuvo involucrado en muchas actividades con el gobierno y en especial con la NASA, donde contaba con el máximo acceso de seguridad que se podía obtener.

Uno de los grandes logros de su carrera fue el lanzamiento en Septiembre de 1977 del Voyager 1, una nave espacial que surcaría el espacio más allá de las fronteras exploradas por el hombre, enviando fotografías e información de vuelta a la tierra conforme iba saliendo del sistema solar. Pero el Voyager no buscaba darnos información sólo a los humanos, también lleva un disco dorado con toda la información posible para que si alguna civilización extraterrestre lo encuentra, pueda conocer un poco a sus vecinos terrestres.

Este mensaje extraterrestre salió del sistema solar en Noviembre de 1980 y  ahora surca el infinito en el espacio interestelar. Después de más de 41 años de viaje es el objeto producido por el hombre que más lejos ha llegado y se espera que se pueda mantener contacto con la sonda espacial hasta el año 2025 cuando su capacidad de generación termoeléctrica deje de alimentar sus instrumentos de medición.

Esta nave es capaz de comunicarse con la tierra a esa distancia, gracias a la red internacional llamada Deep Space Network, la cual integra tres antenas ubicadas en California, España y Australia, y que reciben la información del Voyager 1 permitiendo conocer mejor nuestro hogar en el universo.

Carl Sagan escribió muchos artículos científicos, además de 20 libros, pero lo que realmente lo hizo un científico diferente fue el compromiso que siempre tuvo con la divulgación de la ciencia, buscando que todas las personas supieran más de los misterios del universo y así pudieran familiarizarse con los descubrimientos y avances de la ciencia. Más importante fue que las personas comenzarán a plantear sus propias preguntas, encontrando en cada uno de nosotros un nuevo investigador.

El programa “Cosmos: Un viaje personal” se transmitió en 1980 por primera vez, y ha sido visto por más de 500 millones de personas en 60 países, siendo una de las experiencias que más ha inspirado a explorar lo desconocido y a responder nuevas preguntas. Neil deGrasse-Tyson, fue uno de tantos niños que en su momento fueron inspirados por la serie original concebida por Sagan, y gracias a eso el actual astrofísico emprendió en 2014, junto con la viuda de Sagan la continuación del trabajo que comenzó su mentor, buscando nuevas mentes dispuestas a cuestionar el universo.

Carl Sagan, pidió una última fotografía de la tierra antes de que el Voyager 1 dejará para siempre nuestro vecindario planetario, y lo que obtuvo fue un pálido punto azul, rodeado de la infinita profundidad del espacio, añorando, esperando a que esa mota de polvo estelar algún día tenga compañía.

Sagan murió de 62 años por cáncer en la sangre en 1996, finalizando un fantástico viaje personal, pero el camino que recorrió en su vida ha servido para que muchos mantengan vigente su legado, inspirando nuevas generaciones de científicos, cada vez más conectados con la realidad y con los demás que al final también son tripulantes de este pálido punto azul, hasta ahora nuestro único hogar.

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