Un nuevo renacimiento

Cuando alguien habla de innovación muy rara vez se menciona el nombre de Cosimo de Medici. Pensamos en nombres como Steve Jobs, Mark Zuckerberg, Bill Gates o Elon Musk. Cuando hablamos de tecnología podemos pensar en muchos de los juguetes actuales que la electrónica y el software han puesto en nuestras manos. Poderosas máquinas que tan solo con el sonido de nuestra voz son capaces de adivinar hasta lo más profundo de nuestros deseos gracias a la inteligencia artificial y el big data. Pronto los robots serán capaces de sustituirnos en las tareas más incomodas, dejando lugar y tiempo a actividades que cumplan con necesidades elevadas. Incluso seremos capaces de erradicar enfermedades y cambiar nuestra genética. Seguramente pensamos que en innovación, no hay mejor momento como el siglo XXI.  Tal vez sea cierto, o tal vez hubo un momento mejor.

Cosimo de Medici, banquero del siglo XIV, logró convertir a la ciudad de Florencia en la cuna del renacimiento. Si había alguien con espíritu creativo en los 300 años que abarcaron los siglos XIV, XV y XVI su lugar preferido en el mundo era Florencia en Italia.

Y todo comenzó con Cosimo. Gracias a su amor por las artes y la cultura el día de hoy reconocemos nombres como el de Miguel Ángel, Leonardo o Donatello entendiendo que me refiero a los pintores, a los escultores y no a las tortugas mutantes de New York.

En este oasis artístico creado por Cosimo de Medici se integraron distintas disciplinas como la pintura y la escultura, la ingeniería y la joyería, el bordado de telas y el grabado en madera. Los genios que vivieron en esa época bajo el cobijo de los Medici fueron capaces de imaginar nuevas formas de construir edificios, siendo un ejemplo magnífico la catedral de nuestra señora de las flores, mejor conocida como il Duomo. Reflejo de una arquitectura bella y piadosa, il Duomo es una expresión de ingeniería que junto a la catedral de Notre-Dame y la basílica de San Pedro nos muestran la forma en que hacían reverencia los hombres poderosos de esos tiempos. Y la familia Medici, en especial era monumental para mostrar su fe, habiendo patrocinado il Duomo y la basílica de San Pedro con su dinero.

Mecenas como los Medici no siempre apoyaban de manera desinteresada, ya que aunque no había una retribución directa a sus donativos, indirectamente recibían poder o reconocimiento. Entre los descendientes de Cosimo se incluyeron varios papas, reinas de Francia y el archiduque Toscana.

En el caso de Cosimo, su apoyo a los artistas le permitía mantener a la ciudad contenta y en su bolsillo. Sin ser monarca o noble, Cosimo de Medici tenía la primera y la última palabra en su ciudad.

Cosimo también fomentó de manera importante el entretenimiento de su gente, pagando grandes sumas para desarrollar elaborados desfiles y puestas en escena, donde surgieron diversas innovaciones que hoy son básicas en el mundo del teatro. De hecho, se dice que el diseño del helicóptero de Da Vinci, realmente pretendía ser una máquina que elevara la imaginación de los espectadores y no a las personas como tal.

Son innumerables los avances artísticos y tecnológicos que surgieron del patrocinio de Cosimo de Medici, y aunque no fue el único de su época en apoyar el arte y la cultura, fue de los más importantes al iniciar un movimiento que se expandió por toda Europa, abriendo puertas a genios que de otra forma habrían sido notarios o carpinteros.

En la actualidad los mecenas se encuentran en todas partes gracias a las tecnologías actuales.

Modelos como el crowdfunding, donde varias personas invierten poco dinero para que algún proyecto se haga realidad, han permitido que pequeños inversionistas de todo el mundo respalden proyectos artísticos, movimientos sociales o productos innovadores. Sitios como IndieGogo o Kickstarter han recaudado muchos millones de dólares para infinidad de proyectos. En México existen proyectos como Fondeadora.mx, donde se sigue el mismo concepto permitiendo apoyar diferentes iniciativas en nuestro país.

Siempre habrá espacio para las ideas, para soluciones nuevas a problemas añejos y sobre todo, un lugar especial para los genios y los soñadores.

Pero también necesitamos personas generosas que sean capaces de otorgar una oportunidad a aquellos que quieren mejorar el mundo, permitiendo con sus recursos alcanzar un balance entre la belleza, la ciencia y la tecnología. Trabajando juntos saldremos todos beneficiados.

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