Las vacas desempleadas

Don José decidía su última cena. No sabía si elegir sushi o una hamburguesa de McDonald’s. Siempre le pasaba lo mismo, comenzaba pensando diferentes opciones para cenar y terminaba eligiendo la hamburguesa. Ni hablar, le gusta la carne. Esta es la tercera vez que tiene que ayunar por 24 horas para poder hacer cambio de órgano. Primero fue el corazón, luego el hígado y ahora los pulmones; tal vez sea hora de dejar de fumar, piensa, pues ya tiene 95 años y una vida saludable sería mejor opción y más barata que transplantes de órganos.

Por fin llega al restaurante y se forma para que tomen su orden. Va a pedir la doble con queso, siempre la pide, y una malteada de chocolate. Todavía recuerda cuando para todo eso usaban vacas. Antes mataban a los pobres animalitos por la carne, realmente era muy salvaje, pensaba Don José. Por cierto tenía años sin ver una sola vaca, ¿que les habrá pasado? Tampoco las usan para la leche, ahora la cultivan como cerveza. Tal vez por eso me gusta tanto la malteada de chocolate. Sonreía mientras divagaba en la fila.

Después de una deliciosa cena, Don José regresó a su casa caminando, vivía cerca y le servía para distraerse, no tenía muchas ganas de pensar en su próxima operación. Realmente se sentía bien, a pesar de la tos. Aunque el doctor decía que su nuevo pulmón le iba a dar más años de vida, él siempre se ha resistido a estos cambios pues lo hacen sentir como un cacharro descompuesto que necesita cambio de piezas.

Comienza a hacer viento y no le conviene enfriarse antes de una operación, así que se pone la chamarra de piel que lleva sobre el hombro. También para eso usaban vacas antes, recuerda. Ahora toda la piel la imprimen, literalmente los zapatos nuevos salen de una impresora! Lo que nunca va ponerse son esas camisas orgánicas que cambian de color, vestirse con algo vivo no le parece correcto.

Conforme se acerca a su casa comienza a sentirse inquieto. La operación es al día siguiente y siempre le da un poco de miedo. Es parte de la naturaleza humana el miedo a morir, piensa, aunque desde el 2040 es casi imposible que eso pase.

El futuro no parece ser muy distinto a lo que narra Don José ya que actualmente existen varias empresas que han logrado avances concretos en la utilización de células para poder generar tejidos y otras cosas que nos brinda la naturaleza, como la leche.

La biología sintética utiliza los bloques de construcción de la naturaleza y los organiza a nuestro gusto, imprimiendo tejidos o cultivando células; con la finalidad de prolongar la vida o tan sólo como forma de vestimenta.

El ‘bioprinting’ es la forma en la que la empresa Modern Meadow de Nueva York está imprimiendo piel de res y de cerdo, sin sacrificar un solo animal. Tan sólo con algunas células, son capaces de darle la forma, textura y grosor que uno desee y en dos semanas tienes piel lista para hacer ropa, zapatos o muebles. Ya tienen en el museo de arte moderno la primera prenda de piel bioimpresa de la historia. Ningún animal fue dañado en la fabricación de esta camisa. Ni de este sillón, ni de esta hamburguesa.

Además de imprimir piel, con la misma tecnología de una impresora 3D que imprime plástico, también se está imprimiendo carne, y los costos están bajando rápidamente. Una hamburguesa de carne impresa cuesta alrededor de 11 dólares, Tal vez en sabor no sea tan deliciosa pero es sólo el comienzo. Tampoco para la leche, el queso y el yoghurt se contemplan vacas en el futuro cercano. Actualmente Perfect Day Foods está cultivando leche libre de hormonas, de colesterol y de lactosa; de la misma forma que se ha producido cerveza desde hace cientos de años. Todo esto puede reducir el efecto nocivo del ganado en el medio ambiente, pues es uno de los principales contaminantes y consumidores de recursos naturales del planeta.

Aunque la impresión de órganos funcionales y listos para trasplante no es actualmente posible, Organovo está imprimiendo pequeños hígados y riñones en miniatura que se utilizan para probar medicamentos e investigar enfermedades. También son capaces de imprimir tejido cardiaco que incluso tiene ¡latidos!

Dominando la biotecnología podemos reproducir de manera responsable muchos de los trucos de la madre naturaleza y en unos años podremos vivir en el mundo de Don José donde la ropa respira, la carne se imprime y si se rompe tu corazón, lo puedes reemplazar.

Muuuuchas vacas quedaron sin empleo en estos dos minutos. Coméntame si te gustaría probar un filete bioimpreso, 100% libre de culpa.

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