Sopa de Rana

En esta ocasión les voy a compartir la receta para preparar sopa de rana, pero antes debo darles algún contexto.

Nuestra capacidad de reacción es algo muy natural del ser humano. Es natural porque viene grabado directamente en lo más profundo de nuestro cerebro, en la zona del cerebro conocida como cerebro reptiliano. Aquí están las instrucciones necesarias para sobrevivir.

La herencia de todos nuestros antepasados se encuentra aquí, desde los más antiguos que tal vez fueron perseguidos por un tigre, un león, o  quizá alguno más reciente perseguido por un perro.

El asunto es que cuando nos vemos amenazados el sistema de supervivencia que tenemos instalado se activa de inmediato. Todo lo que tenga que ver con sobrevivir se mantiene activo y todo lo que no es indispensable se apaga de algún modo. Cuando un león nos persigue no hay tiempo de detenernos a comer para saciar el hambre.

A este asunto se le llama la reacción de huir o pelear. Hasta este punto todo suena muy bien y nuestro mecanismo instalado nos protege cada vez que saltamos para que no nos atropelle un coche al cruzar la calle.

Pero hay dos situaciones de nuestra vida moderna que hacen estragos en  nuestro sistema de defensa. Hablemos de la primera: el clásico estrés.

La mayoría hemos tenido la sensación de ansiedad en nuestro cuerpo alguna vez. Cuando estuvimos a punto de hacer un examen de matemáticas, nuestra primer clase de manejo o aquella entrevista de trabajo donde no sabíamos ni hacer el nudo de nuestra corbata.

Las manos sudorosas y los nervios son parte de nuestro sistema de defensa, ¿por qué necesitamos que nos suden las manos para defendernos? No lo sé.

Finalmente en estos momentos nos mantenemos atentos y enfocados a la actividad que tenemos enfrente, ya sea el examen, la señora que se atraviesa frente a nosotros o el mal encarado entrevistador. Al terminar nuestra angustia todo vuelve a una relajada normalidad alimentada de nuestra conciencia de haber hecho lo que estaba en nuestras manos. Tenemos problemas cuando la ansiedad no se termina. Cuando estamos frente a un constante riesgo el cuerpo se mantiene en guardia y poco a poco se va acostumbrando a la situación.

Así después de un tiempo el desgaste de estar siempre ansioso o estresado comienza a dañar los sistemas vitales del cuerpo pues nunca le damos tiempo de recuperarse. Y mientras tanto ya estamos tan acostumbrados a sentirnos mal que no recordamos lo que era estar tranquilos.

La segunda situación que hace de nuestro sistema de defensa un chiste tiene que ver con la receta que les mencioné. Ya es momento de compartirles como se hace la sopa de rana.

Por alguna razón la sopa de rana debe prepararse con el animalito vivo – debo aclarar que esta receta es metafórica y con fines de llenar las mentes, no los estómagos, aclarando que ningún batracio fue lastimado para esta explicación- Para preparar la sopa necesitamos agua hirviendo y así poder darle cocción a la ranita.

Así que si ponemos la olla llena de agua en el fuego hasta que hierva el agua, después podemos echar  la rana al agua hirviendo y ¡listo! ¿Cierto? Lamento decirles que no es tan fácil.

Al momento que la rana entra al agua caliente se activa su mecanismo de defensa – que por cierto es igual al nuestro- y en cuanto toca el fondo de la olla, reacciona y salta afuera de ella, salvando la vida por lo menos hasta el segundo intento.

La técnica adecuada requiere engañar al sistema de defensa de la rana, para lo que debemos hacerle creer que no hay ningún peligro y por eso antes de prender el fuego, metemos a la ranita al agua. Así la ranita se siente cómoda en su nueva casa, comienza a relajarse sin darse cuenta que poco a poco la temperatura sube, hasta que llega al punto en que el agua está hirviendo, la rana nunca sintió peligro y ya se ha convertido en sopa de rana.

Esto nos pasa más seguido de lo que queremos aceptar. Cada vez que le damos otra mordida a ese pastel de chocolate, o cada vez que pasamos nuestra tarjeta de crédito con el argumento de que es “a meses”. Y así un día amanecemos con una deuda impagable y una barriga del tamaño de una sandía.

Cuando los riesgos llegan poco a poco no somos tan buenos para escapar del peligro, por lo que debemos educar nuestros sentidos para que puedan ver más allá de lo que tenemos cerca. Esto solamente se logra observando. Poner atención a cada cosa que hacemos y cada decisión que tomamos nos puede ayudar a evitar los efectos de nuestra propia sopa de rana.

Y esta práctica no sólo es válida para la comida y las tarjetas de crédito, también en aspectos más grandes de nuestra vida como sociedad, siendo un ejemplo el cambio climático.  Más allá de discutir si el cambio climático es consecuencia de nuestro actuar como personas – Yo creo que sí lo es – la realidad que no podemos evadir es que existe.

El clima está cambiando poco a poco. Los hielos de los polos se derriten y el nivel del mar va subiendo. Si todo el hielo de la tierra se derritiera – cosa que podría pasar en algún momento- muchas de las grandes ciudades del mundo quedarían bajo el agua, y más de 680 millones de personas viven en la zona de riesgo.

¿De quién es la culpa? De todos y de nadie. Y así seguimos preocupados porque a un meteorito se le ocurre pasar cerca de nuestro planeta y acabar con todos nosotros. No necesitamos un meteorito para nuestra extinción. Nosotros encendimos el fuego de nuestra propia sopa, pero si reaccionamos aún podemos saltar.

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