Sobreviviendo la cuarta revolución

Me llamo Joaquín, vivo en la ciudad de México, alguna vez fui contador público, como le llamaban antes, ahora me dedico a varias actividades diferentes, algunas son muy entretenidas, mientras que otras me hacen reflexionar si he cometido algún error en mi vida. He tomado malas decisiones como todos, sin embargo hoy más que nunca veo como hay personas que han crecido mucho en varios aspectos de la vida, mientras otras como Yo, seguimos luchando, trabajando y buscando esa estabilidad que, recuerdo, antes nos daba ir a la Universidad. Hace años a alguien como Yo le hubieran llamado desempleado, por ser alguien fuera del sector productivo, por no trabajar en alguna empresa o corporativo, cobrando un sueldo por sus servicios o experiencia. Ahora, casi todos nosotros somos auto-empleados, o como algunos nos llaman, trabajadores de la nube. Han pasado muchos años ya desde que las empresas cambiaron gradualmente a las personas, y las máquinas tomaron nuestros empleos poco a poco.

Primero los obreros, personas sin educación que dependían de sus manos para sobrevivir, después los apoyos administrativos como secretarias y mensajeros dejaron de existir como puestos de trabajo. Hasta ahí creí que todo estaría bien. Ya había sucedido antes. La tecnología tiende a hacer eso, para beneficio de la economía en general. Y uno se adapta. Pero esta vez el cambio fue tan rápido y con tanta fuerza que no había forma de prever su alcance. Y nos alcanzó. Las máquinas, ahora llamadas “algoritmos”, comenzaron a hacer nuestro trabajo, los mandos medios, los administradores que mantenían funcionando correctamente las organizaciones éramos sustituidos por algo etéreo, completamente conectado a la nube, y que a la fecha me deja pensando como sucedió. Ahora las empresas son algo así como grupos de robots conectados en la nube, tomando desiciones integrales, que abarcan ciudades, países y cadenas de suministro completas. Todo en un parpadeo. Hoy me traslado de un lugar a otro llevando personas en mi Uber, rento un cuarto de mi casa en Airbnb, y le hago el super a algunas personas. Todo por la nube. También sigo dando clases, pero ya no de contabilidad. Ahora son algo de historia y algo de finanzas. Ademas de esto realizo micro-actividades, que vienen de la nube y que me pagan por destajo. Son pequeñas cosas, pero todo el día están fluyendo. Los únicos empleos que quedan son para los modificados. Personas que se han hecho cambios genéticos, que perciben el mundo de forma diferente. Yo me prometí nunca modificarme, pues pienso que dejas de ser humano, te vuelves más maquina. Mis hijos piensan diferente y están ahorrando para algún implante que les ayude a tener una mejor calidad de vida. Tal vez tengan razón. Ya pasaron 17 años desde que me despidieron en 2022, y aunque ya es antigua la herida, todavía duele y no ha podido sanar.

La cuarta revolución industrial , o como la llaman también, industria 4.0, no es un cambio menor. Es la conjunción de varias tecnologías que de manera muy rápida e integral comienzan a motivar cambios en la sociedad, entre ellos la desaparición del 49% de los empleos y profesiones actuales en la próxima década. Así como las anteriores revoluciones industriales, esta también sacudirá a la humanidad, y se necesitará algún tiempo para adaptarnos al cambio. Los cambios que generó la máquina de vapor a finales del siglo XIX y que transformaron el mundo conocido hasta ese momento, abrieron la puerta al siglo con más avances tecnológicos y cambios sociales de la historia, el siglo XX. Todo lo vivido en el siglo XX, no se compara con el tipo de cambios sociales que pueden motivar estas nuevas tecnologías. La inteligencia artificial, el internet de las cosas, la biología sintética, los robots, los drones y los nuevos materiales, conforman algunas tecnologías que conforman la cuarta revolución industrial. Estos cambios transformarán no solo el “que” y el “como” hacemos las cosas, también cambiarán al “quien”. Y en corto tiempo. El concepto de sociedad, del trabajo y la propia definición del ser humano, cambiaran.

Hay algunos que piensan que esto nos llevará a un conflicto social y político, que afectará a millones de personas, como en su momento las guerras mundiales, en el siglo XX. Otros consideran que haciendo correctamente los cambios sociales, pueden darse ordenadamente y en paz, brindando una época dorada de abundancia y prosperidad global. Ambos son extremos de los posibles escenarios por venir, y en cualquiera de los casos, tardaremos un tiempo en el proceso de adaptación.

Hay que estar preparados para lo que viene, ya sea la era dorada de la Humanidad, o el Armagedón, no debemos permitir que nos tome por sorpresa, y al conocer como se transforman las empresas podremos adaptarnos rápido a las necesidades que se vayan presentando, a los nuevos empleos y a las nuevas alternativas de vida.

Piensa por dos minutos si tu trabajo podría desaparecer, desplazado por la nueva revolución, y si es el caso, te invito a que te reinventes, y conviertas este riesgo en oportunidad.

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