Sentimientos navideños

Charles, escribía rápidamente. Se caracterizaba por ser astuto y creativo en sus escritos, los cuales lo habían convertido en el autor más importante de su época. Era reconocido por propios y extraños, no sólo en su natal Inglaterra, donde hasta la joven Reina Victoria se desvelaba al leer sus relatos. También en todo el mundo, siendo prueba de ello su reciente gira por los Estados Unidos. Lamentablemente esa gira en específico lo había dejado muy afectado económicamente y necesitaba ingresos lo antes posible, pues al ser padre de 10 hijos no tenía mucho lugar para pretextos. Por eso escribía rápido, por eso escribía intensamente.

Era 1843 cuando Charles Dickens escribió su novela más reconocida, “A Christmas Carol”, un cuento de navidad que narra la aventura de Ebenezer Scrooge, un empresario desconsiderado y de frío corazón que recorre un viaje organizado por su difunto socio y dirigido por los fantasmas de las navidades pasadas, presente y futuras. Un clásico que ha sido recontado en cientos de adaptaciones desde el teatro, televisión y cine. Fue un éxito inmediato en todos los sentidos, excepto en el económico.

Los villancicos o “christmas carols” como se les conocen en inglés, son melodías cantadas que tienen una larga historia y tradición universal. Sus orígenes se reconocen desde los bailes y cantos paganos realizados alrededor de grandes monolitos de piedra, en el solsticio de invierno, el día más corto del año, hasta los esfuerzos de San Francisco de Asís para acercar la religión a la gente común, promoviendo cantos alegres en lengua popular, en lugar de los cantados en latín. Si bien su origen no era exclusivo de la navidad, hoy son definitivamente un símbolo de esta época del año.

Uno de los villancicos navideños más famosos mundialmente es “Noche de Paz, Noche de Amor”. Originario de Austria, fue escrito por Joseph Mohr el cual, dice la leyenda corrió una noche de víspera navideña a la casa de su amigo Franz Gruber para que le compusiera una melodía a su texto, de forma que pudiera interpretarse con una guitarra y por un grupo de personas, pues el órgano de la iglesia se había descompuesto.

“Stille Nacht, heilige Nacht” fue interpretado por primera vez en la iglesia de San Nicolas de Oberndorf, Austria el 24 de Diciembre de 1818.

Algo no salió como Dickens esperaba. La primera edición de su libro se vendió inmediatamente. Literalmente volaron las primeras 6,000 copias empastadas con el mayor detalle y lujo, incluidas letras de la portada y cantos en dorado, ilustraciones en color y un empastado de primera, todo tal como el autor lo había solicitado. Charles Dickens quería que este libro fuera un extraordinario regalo de navidad. Quería que la gente lo disfrutara desde el momento en que lo tuviera en sus manos, y así fue. Para que todos pudieran gozar de su novela, negoció con la editorial un costo bajo para un libro tan lujoso. Al hacer las cuentas, estas no salieron muy favorables para el escritor, pues de las 1,000 libras que pensaba obtener de la venta solo consiguió 137.

El alto costo de realizar un libro tan lujoso no le dejó mucho beneficio personal, sin embargo esa novela en especial cambió de raíz a la sociedad del siglo XIX promoviendo la caridad y la ayuda a los pobres, en una época donde la necesidad estaba por todas partes. No era gratuito que a la década de 1840, la llamaran “los hambrientos 40’s”. El mismo Dickens sufrió la pobreza cuando niño, y siempre fue alguien muy cercano y sensible a los pobres, especialmente a los niños.

La víspera de navidad de 1914 fue una de las más representativas del significado de la navidad. Cerca de Yrpes, un pueblito de Bélgica, luchaban soldados alemanes contra británicos, una de tantas batallas que se libraban como parte de la entonces llamada  “gran guerra”. Varios soldados habían solicitado un cese al fuego a las autoridades, incluido al Papa Benedicto XV, lamentablemente sin ser escuchados.

Algo maravilloso sucedió esa noche, pues sin  autorización o coordinación alguna, los soldados, tanto alemanes como británicos, dejaron de disparar y comenzaron a cantar villancicos. “Noche de Paz, Noche de Amor”, fue una de las melodías que las personas de ambos países conocían, y mientras unos la cantaban en alemán, los otros la continuaban en inglés. Por una noche, los hombres se unieron en hermandad, olvidando sus diferencias, recordando el amor que los unía como Humanidad. Incluso algunos se intercambiaron regalos, como cigarrillos y pequeños objetos con sus supuestos enemigos.

En una sociedad comprometida con el consumo y la materialización de los deseos, olvidamos por momentos   lo valioso de estas fechas, y la oportunidad que tenemos en nuestras manos. No es necesario estar en una trinchera para reconocer la hermandad. Tampoco  hace falta haber sufrido la pobreza para reconocer al que la sufre y ayudarlo a quitarse el hambre y el frío. No todos los regalos yacen bajo un árbol lleno de luces. A veces, para recibir nuestro mejor regalo, sólo hace falta compartir algo de Paz y algo de Amor.

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