Saber Volar

No todos los éxitos llegan fácilmente, de hecho muy pocos logros significativos han sido alcanzados por simple suerte, y en los deportes el ejemplo constante de éxito es el que se deriva de una incuestionable voluntad y deseo de ser el mejor. A veces la diferencia viene del origen de la motivación. En el caso de Michael Jordan, un icono en la historia del basquetbol, la motivación llegó envuelta de fracasos y personas que no creyeron en él.

Michael disfrutó hacer deporte desde muy joven, no solamente basquetbol, también jugaba béisbol, el deporte favorito de su padre. De pequeño su padre instaló en la casa de los Jordan un tablero casero para que su hijo practicara el juego.

El basquetbol es realmente un juego reciente. Creado por James Naismith en 1891, fue diseñado para las épocas de invierno en los Estados Unidos.

Naismith tuvo solamente catorce días para idear un juego que tuviera ocupados a los estudiantes de Springfield, Massachusetts. Finalmente un par de canastas para fruta y un balón de fútbol soccer lograron bajo techo lo que otros deportes al aire libre tenían.

Aire es en lo que Jordan se sostenía al jugar basquetbol. En la cúspide de su carrera, una de las más exitosas del joven deporte -tal vez la más exitosa- Michael Jordan era capaz de saltar con tal habilidad que parecía realmente flotar en el aire, trasladarse varios metros en la cancha y por encima de los demás jugadores encestar una canasta de forma fantástica e incluso artísticamente. Uno podría pensar que esto solamente impresionaba a los espectadores que sin practicar profesionalmente, desconocían si esta hazaña era fácil o difícil de conseguir. La realidad es que los primeros asombrados por el don de Michael Jordan eran sus compañeros de cancha. Grandes atletas como el “Magic” Jhonson, jugador de los Lakers de Los Ángeles, reconocía la grandeza de su “Airesa”, uno de tantos sobrenombres de “Air” Jordan.

Pero todo comenzó con una serie de rechazos que sacudieron en lo profundo el espíritu del joven estudiante de High School en North Carolina.

En esa época el entrenador fue muy claro diciéndole que su nivel de juego no era el necesario para pertenecer al equipo principal de la escuela, además de estar subdesarrollado para su edad, con sólo un metro ochenta de estatura.

Esta sacudida hizo reaccionar a Jordan con tal fuerza, que dedicó todo su tiempo a mejorar su nivel en el basquetbol. Dejó las otras actividades que tenía y dedicó cuerpo y alma para ser parte del equipo principal de North Carolina.

Al año siguiente entró al equipo con diez centímetros más de estatura, y un hambre incontenible de demostrar de lo que era capaz. El resultado no fue menor, pues al terminar la preparatoria, Michael Jordan se había convertido en el mejor jugador del equipo, había participado en los olímpicos de Los Ángeles  ganando oro y estaba listo para convertirse en profesional.

Su necesidad por ser el mejor y estar arriba de todos, no era algo exclusivo del juego, lo vivía en todos los aspectos de su vida. Personalmente se había convertido en pocos años en una súper estrella que requería estar constantemente rodeado por gente.

La venta de su imagen le permitió convertir su fama en una forma adicional de ganar dinero, siendo hasta la fecha famoso por productos con su imagen, como los tennis Nike, con la imagen de Jordan realizando uno de sus icónicos vuelos, que se siguen produciendo.

La carrera de Michael Jordan se interrumpió cuando su padre James Jordan, fue asesinado, al robarle el automóvil que Michael le había regalado. La cercanía con su padre y la trágica muerte de este, impactaron profundamente en el jugador más valioso de la NBA, al punto que en 1993 decidió retirarse del juego que amaba, porque ya no tenía ninguna motivación en seguir jugándolo.

Este cierre profesional les ha sucedido a muchos otros grandes deportistas, que pierden la motivación inicial, pero la diferencia con Jordan, está en lo que hizo después de “retirarse”.

El juego que amaba su padre era el béisbol, y como una promesa por cumplir, el gran atleta decidió dar un giro completo y entró a jugar a los White Sox, y durante un par de años intentó cumplir con el sueño de su padre, aunque realmente sin la poderosa magia que generaba en la duela de basquetbol.

Decidido a recuperar su éxito en 1995 volvió a su equipo, los Chicago Bulls para ganar nuevamente el campeonato de la NBA, en pleno día del Padre.

Jordan se retiró finalmente en 2003 con una serie de récords que no han sido superados por nadie aún, y con la garantía de pasar a la historia como un gran ejemplo en el deporte, pero sobre todo el haber sido capaz de sacar de los fracasos y del rechazo de los demás la fuerza necesaria para sacudir su espíritu y llevarlo muy arriba, hasta donde sólo llegan aquellos que saben volar.

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