Roble Austriaco

Era 1965 cuando Arnold tomó una de esas decisiones arriesgadas que marcan tu destino. Poco sabían lo que había tenido que hacer para estar de pie ahí, frente al público, con el trofeo de Mr. Europa jr. en la mano.

Era lógico pensar que para estar en un concurso de fisicoculturismo debió de pasar horas y días completos en el gimnasio. Y así había sido. A sus dieciocho años de edad, Arnold Schwarzenegger ganaba el primero de muchos trofeos.

Comenzó a practicar fútbol en su natal Austria, cuando descubrió por primera vez la pasión al entrar al gimnasio de la escuela. La visión que construyó en ese momento fue tan poderosa que le permitió en tan sólo dos años superar los resultados de todos sus compañeros levantadores de pesas. Era una máquina que entrenaba seis horas diarias y que incluso se metía a entrenar a escondidas los fines de semana cuando el gimnasio permanecía cerrado.

Además del esfuerzo aplicado en el gimnasio, Arnold tuvo varias barreras que superar, literalmente.  Cuando el joven Arnold recibió la invitación para participar en el concurso de Mr. Europa Junior, estaba acuartelado en pleno servicio militar. Decidido a que ese era su destino, decidió huir del ejército y con sus ya cien kilos de puro músculo, trepó por una barda del cuartel y fue a competir. Cuando regresó con el trofeo en la mano, y con la satisfacción de ser el joven más fuerte de Europa, no tuvo problema para pasar la semana en una fría celda de castigo.

Y así con esa voluntad indestructible, Schwarzenegger siguió su visión sin escuchar ninguna de las voces que lo trataban de frenar, incluido su padre. Desde muy joven Arnold sufrió de maltrato por parte de su padre, el cual era un policía ex-militante del partido nazi, sin más un hombre muy estricto e incluso cruel. A tan sólo trece años de edad, viviendo en un lugar tan pobre que no había agua potable en kilómetros,  Arnold decidió que él sería quien diseñara su destino.

Su padre se burlaba de sus ambiciones por ser el hombre más fuerte del mundo, aun así nunca se dio por vencido y trabajó muy duro, aferrado a su visión y propósito. Esto lo llevó a sobrellevar todos los obstáculos posibles, como dormir en las calles de Londres para ahorrar dinero y poder ir a la tierra prometida: América.

 

Llegó a Estados Unidos en 1968 sin saber más que dos o tres palabras en inglés y veinte dólares en el bolsillo. La generosidad de sus compañeros de gimnasio y en general de las personas que conoció en su momento, le permitieron poco a poco salir adelante, pues le ayudaban, regalándole platos, cubiertos, vasos y otras cosas básicas que estaban fuera del alcance del joven deportista. Para mantenerse comenzó a trabajar de albañil, dividiendo su tiempo entre la universidad, donde estudiaba psicología, el trabajo en la construcción, las clases de actuación tres veces por semana y las seis horas diarias de gimnasio. No había pretextos que le quitaran su sueño de la cabeza.

 

Arnold Schwarzenegger logró ser el hombre más joven de la historia en levantar el trofeo de Mr. Universo a los veinte años de edad. Y no sólo logró levantarlo una vez, sino que lo mantuvo durante ocho años consecutivos. Había logrado su sueño. Era el hombre más fuerte del mundo.

En esas épocas había comenzado su propio negocio de construcción construyendo poco a poco un patrimonio que le permitió seguir entrenando y dedicarse a otras cosas como la actuación.

Era amigo de otro gran deportista, Mohamed Alí, y de él aprendió muchas cosas, entre ellas el poder de combinar el trabajo duro con la publicidad. Indiscutiblemente era necesario poner todo el esfuerzo posible en alcanzar su visión, pero también era muy importante que la gente supiera lo que hacía. Así Arnold dedicó su tiempo en escribir libros y hacer otras cosas para que todos conocieran al hombre más fuerte del mundo. Su más grande aparador fue Hollywood.

De igual forma que convirtió al fisicoculturismo en un deporte que llamara la atención del público, en el cine Arnold fue pieza fundamental para que las películas de acción fueran las más taquilleras de la década de los ochenta. Junto con Stallone y Van Damme lograron llenar las pantallas con hombres musculosos y violentos. Desde su primera aparición estelar en 1982 en Conan hasta la icónica representación de un robot asesino del futuro en Terminator, la carrera de Arnold en el cine había alcanzado la cima.

La generosidad que recibió como inmigrante lo motivó siempre a devolver a su comunidad algo de lo que había recibido y así eligió en el servicio público su siguiente propósito. El hombre más fuerte y famoso del mundo se convirtió así en el Gobernador número treinta y ocho de la tierra que le abrió los brazos, California. Siempre dando todo de sí, el “Gobernator”  se mantuvo en el cargo durante dos periodos, en los cuales no cobró sueldo.

No todas las decisiones del inmigrante austriaco han sido las mejores, pero para Schwarzenegger aún a sus 73 años, el fracaso es parte del proceso para lograr tus sueños, teniendo claro que la diferencia entre un perdedor y un triunfador es la capacidad de levantarte cada vez que te caes.

Con la mejor actitud, poniendo en cada paso toda tu capacidad es posible alcanzar cualquier sueño, sin distracciones, sin pretextos, sin dejar para después. Cargando todo el peso posible.

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