Rescatando a Nemea

No existe certeza absoluta en la razón que llevó a Heracles a enfrentar a la terrible bestia, pero es claro que su heroico perfil lo obligaba a recuperar la paz en las tierras de Nemea.

Cuentan que un niño le prometió que si mataba al monstruo que azotaba su pueblo, iba a sacrificar un león al dios Zeus, pero si no lograba vencer al terrible león de Nemea, el mismo niño se ofrecería en sacrificio para que Zeus escuchara sus súplicas.

Zeus, la máxima autoridad en el Olimpo, que además era padre de Heracles, actuaba de formas caprichosas, y le había ofrecido inmortalidad a su hijo si lograba vencer este y los otros 11 difíciles retos por venir.

El héroe, que acababa de sufrir una enorme tragedia en la cual murieron su esposa y su hija, fue aconsejado por un oráculo de ir a trabajar con el Rey Euristeo, el cual le encargó 12 históricos trabajos, uno por cada año en que Heracles, o Hércules como lo llamaban los romanos, estuvo a su servicio.

La terrible bestia era un ser sobrenatural con forma de león, pero mucho más grande y fuerte. Su piel era impenetrable por cualquier arma conocida, y sus garras y dientes eran capaces de destruir sin trabajo cualquier armadura. Vivía en una cueva cerca del pueblo de Nemea donde secuestraba mujeres que utilizaba de carnada para atraer a hombres valerosos que en su intento por rescatarlas, compartían su destino en el estómago de la mítica bestia.

Hércules, al ser hijo de un dios, tenía habilidades excepcionales muy superiores a las de los humanos, entre las cuales estaba la fuerza, la astucia y la belleza. Era un ser extraordinario que proyectaba, como los demás seres divinos de la mitología griega, las virtudes y defectos humanos, a un nivel superlativo.

Cuando llegó el momento, Hércules se enfrentó con el león de Nemea, en la cueva de la bestia. El hogar del león tenía dos entradas, por lo que Hércules bloqueó una con enormes rocas para evitar el escape, y se dirigió al único acceso que quedaba. Al estar frente a frente con el animal intentó dañarlo con flechas, lo cual fue imposible, ya que estas se hacían añicos al golpear la dura piel del león. Ni el cuchillo ni la lanza hicieron mella en el enorme animal, lo que llevó a Hércules a probar una estrategia diferente.

Con algunas ramas secas encendió un fuego que llenó de humo la cueva donde se encontraban, quitándole visibilidad al monstruo, y permitiendo que Hércules usara su arma favorita, un enorme garrote, el cual golpeó con fuerza en la cabeza del enorme león, dejándolo aturdido por un momento, momento que aprovechó el héroe para tomarlo por el cuello, y haciendo uso de su gran fuerza, estranguló a la bestia hasta dejarla sin vida.

La leyenda de Hércules, héroe griego, mitad dios, mitad humano, podría ser una de las muchas historias antiguas que se deformaron con el paso del tiempo, exagerando logros de personas reales, que vivieron   años antes de que la escritura permitiera diferenciar la leyenda de la realidad.

En nuestros días es difícil encontrar personajes con habilidades extraordinarias, que simplemente hayan llegado a sobresalir sobre los demás, sin que exista un gran esfuerzo de por medio.

Y es que el talento natural, no es lo que nos convierte en personas sobresalientes o expertos, más bien es la práctica bien enfocada lo que nos permite convertir una nula habilidad, en un ejercicio extraordinario.

El investigador Anders Ericsson realizó una investigación en la década de los 90 donde concluyó que se requerían 10,000 horas de práctica disciplinada para alcanzar el nivel de experto en cualquier cosa. Este enfoque del esfuerzo se complementa con varios ejemplos por el escritor Malcolm Gladwell, en su libro “fuera de serie”.

Lamentablemente no es muy probable que pasemos 5 años de nuestra vida dedicados a tiempo completo en desarrollar una nueva habilidad.   En estos tiempos donde debemos aprender constantemente nuevas formas de hacer las cosas, donde las tecnologías de la cuarta revolución industrial crean y destruyen empleos de un día para el otro, tendríamos que ser dioses griegos o tener súper poderes para mantenernos vigentes.

Pero no todo está perdido, y podemos aprender nuevas habilidades en mucho menos tiempo que las 10,000 horas mencionadas. Josh Kaufman, realizó hace unos años un análisis de este estudio y corroboró que el nivel de excelencia requiere 10,000 horas pero descubrió que, no se requiere tanto para alcanzar un nivel de desempeño bastante aceptable.

Con tan sólo 20 horas es posible aprender a hacer lo que sea, siguiendo 4 pasos básicos. Primero debemos dividir la habilidad en sus partes principales, después hacer un plan para priorizar lo más importante, eliminar distractores y por último dedicar 20 horas a practicar de forma disciplinada. En un mes por ejemplo, podríamos aprender a hornear pan o a tocar guitarra con 45 minutos  al día, bien enfocados.

En el mundo antiguo la gente necesitaba las hazañas  de Hércules;  del héroe que defendía con sus grandes habilidades a los simples mortales. En la actualidad debemos encontrar en nuestro interior esa fuerza que nos impulse a ser mejores, a desarrollar habilidades nuevas y así, vencer nuestros temores y derrotar las amenazas que se nos presentan. Actuando por nuestro propio esfuerzo, sin esperar a que llegue alguien a resolver nuestros problemas, fortaleceremos al héroe que vive en nosotros.

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