Regalos de Sabios

“Queridos Reyes Magos…” escribía el pequeño Mateo en una pequeña hoja de cuaderno que había arrancado de la libreta de su hermano mayor, donde cuidadosamente trataba de expresar con lápiz de color rojo, las razones por las que merecía los regalos que pedía, tal vez con faltas de ortografía pero con la mayor elocuencia que un niño de 6 años puede tener.

“Un camión de bomberos” y ” me he portado muy bien”,  formaban parte de la breve pero convincente carta del joven Mateo, que con ilusión esperaba que la magia llegará a su casa durante la noche del 5 de enero y lo sorprendiera por la mañana.

Además del camión de bomberos, el pequeño Mateo pidió otra cosa a los Santos Reyes, y aunque no era para él, estaba seguro que su promesa de buen comportamiento le ayudaría a conseguirlo: “que mi mamá se cure”.

La mamá de Mateo luchaba contra un cáncer de seno avanzado, uno de tantos tipos de cáncer que llegan silenciosos y que pueden tardar años en mostrar síntomas.

Hace varios siglos, otra persona también llamada Mateo, escribía unos documentos que narraban la visita de tres hombres sabios a un pequeño pesebre en Belén. San Mateo no explica mucho de su visita, pero queda claro que llegaron del oriente para conocer y venerar al niño que, según habían descubierto en las estrellas cumplía la profecía del “rey de los judíos”.

Cuentan que eran reyes de imperios como Persia, África e India, también se dice que eran magos estudiosos de las estrellas. Lo que sí deja claro San Mateo es que llevaban regalos.

Los presentes que llevaban los Reyes Magos como ofrenda al recién nacido están repletos de significado. El oro, metal valioso por su brillo y escasez era relacionado principalmente con la realeza, indicando el reconocimiento que estos hombres sabios y nobles le hacían al niño Jesús como el rey de los judíos.

El incienso por otro lado, representaba la parte espiritual, utilizado especialmente en ceremonias de alabanza a la divinidad, el incienso planteaba el origen divino del pequeño niño en el pesebre.

Por último la mirra, combinación de especias utilizadas como aceite para embalsamar a los difuntos, recordaba la fragilidad humana que finalmente concluye en la muerte del cuerpo, señalando la humanidad del Mesías.

La ciencia a través de siglos de descubrimientos nos ha brindado muchos regalos, información de cómo funciona nuestro cuerpo y herramientas para cuidarlo y mantenerlo sano.

Plagas modernas como la obesidad, el cáncer y los ataques al corazón resultan fatales para millones de personas cada año, convirtiendo esperanzas y propósitos en sueños perdidos, dolor y polvo. Hay mucho camino que recorrer y hay muchos retos en este camino, los cuales no van a desaparecer solo con voltear la mirada hacia otro lado.

Anteriormente se creía que la genética tenía la palabra final respecto a nuestra salud, y escuchar que un padecimiento era hereditario, se volvía la mejor excusa para entregarnos al terrible destino legado por nuestros antepasados. Actualmente sabemos que no es así.

Si bien la herencia genética puede incluir alguna tendencia a enfermar, esta sólo representa una posibilidad y no una sentencia. Según la epigenética el 80% de este supuesto destino depende de nuestras actividades y sólo 20% de lo heredado en nuestros genes.

La genética de nuestro cuerpo puede transformarse en tan solo 3 meses de cambios significativos en nuestro estilo de vida, apagando genes que incrementan el riesgo a enfermedades, y activando otros que nos benefician y fortalecen.

Si solo se necesitan tres meses para reducir riesgos, y mejorar nuestras posibilidades de una vida larga y saludable, tal vez convenga usar los propósitos de año nuevo para agregarle años a la vida.

Mucho se puede lograr con prevención. Mediante el desarrollo de hábitos saludables como el ejercicio y una alimentación sana, podemos mejorar mucho en tres meses, y si agregamos una revisión médica de nuestro estado de salud, tenemos un gran comienzo de año.

Tradicionalmente, una vez concluidas todas las celebraciones y festejos, surge de nosotros la necesidad de proponer un cambio que sea positivo para nuestras vidas, reflexionamos profundamente y lo traducimos en propósitos que durante las dos primeras semanas del año nos esforzamos por cumplir al pie de la letra.

Lo que sucede después es que para febrero ya se nos olvidó la dieta, y esa visita al gimnasio, pues la dejamos para otro día.

Como resultado final es que cada año nos hacemos los mismos propósitos y cada año los abandonamos igual.

Tal vez han pasado ya muchos años desde tu última carta a los reyes magos, pero si recordamos el deseo, la esperanza y la motivación que sentíamos al escribirla, y aplicamos estas emociones a nuestros propósitos actuales, podríamos finalmente alcanzarlos.

También podemos darle un significado distinto a los regalos originales de los hombres sabios de oriente con la finalidad de utilizarlos como guía.

El oro, valioso y escaso puede representar el tiempo que necesitas para trabajar en tus objetivos, el incienso como elemento espiritual representa la razón y el significado de tu meta, y la mirra debe ser un recordatorio de que como la vida, nuestros propósitos tienen los días contados.

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