Nariz de Madera

Cuando le pides tu deseo a una estrella, se te concede, sólo si lo pides de corazón. Esta es la idea con la que comienza una de las películas animadas más famosas de Disney, Pinocho. Estrenada en 1940, la historia de una marioneta de madera que cobra vida ha llenado de tristeza y alegría los corazones de muchas generaciones que han seguido las aventuras del personaje, acompañado de su inseparable compañero Pepe Grillo.

 

La historia original escrita en 1883 por Carlo Collodi está cargada de situaciones que -como muchos cuentos infantiles- están destinados a brindar una moraleja en la historia.

 

Collodi, en una historia mucho más compleja que la dulce adaptación de Disney, nos presenta a un personaje rebelde totalmente ajeno a la autoridad y lleno de defectos, los cuales lo llevan a rechazar a las personas que lo aman y procuran, alejándose de ellos constantemente.

 

La versión de Collodi por ejemplo, termina casi al comienzo con la existencia de un personaje que en la película tiene un papel fundamental: El grillo parlante. En un ataque de furia, el recién creado muñeco de madera toma un martillo del taller del carpintero y lo arroja hacia el grillo en la pared, callando así las verdades que este le echaba en cara.

 

Historia complicada para tiempos difíciles, pues Italia acababa de integrarse como país y las ideas de Collodi planteaban un proceso de redención posible y deseado. La verdadera visión del creador de Pinocho era que cualquier persona por más alejada del buen camino, es capaz de arrepentirse y transformarse en alguien mejor.

 

El viaje del muñeco de madera, lleno de mentiras, engaños, pereza y rebeldía lo lleva de ser prácticamente un delincuente juvenil, a convertirse en una persona generosa y compasiva capaz de arriesgar su propia vida para salvar a un ser querido.

 

La versión de Disney también tiene su propia moraleja. La que ambas versiones tienen en común es la más obvia: el daño que causa la mentira. En ambas historias el muñeco sufre del crecimiento de su nariz al decir una mentira. La ciencia actualmente ha confirmado que si bien no nos crece la nariz al mentir, si existe un cambio importante de temperatura en nuestra nariz al momento de decir algo falso.

Existen personas que sin ninguna razón aparente inventan realidades alternas  a través de sus mentiras en las que presentan una versión positiva de sí mismos, mentiras que ellos creen y que no pueden distinguir completamente de la realidad. Estas personas son diagnosticadas como mitómanos, algunos también lo conocen como el síndrome de Pinocho.

 

Disney también plantea el camino de redención del muñeco, pero muy sutilmente. La película se centra con mucha más fuerza en la capacidad de lograr lo que te propones, si lo deseas de corazón y sin importar que tan increíble parezca ante los demás. Disney se centra en el poder que tiene el deseo y el camino para alcanzarlo.

Además Disney nos brinda un extraordinario compañero de viaje, una conciencia de color verde y sombrero de copa que le ayuda a Pinocho a entender la diferencia entre el bien y el mal. Esa voz interna que nos orienta -o trata de hacerlo- para lograr nuestro propósito siempre de la manera correcta.

 

Mucho hay que aprender del muñeco de madera. Su viaje es parecido al de muchos de nosotros, buscando constantemente que nuestras acciones sean congruentes con lo que hemos aprendido que es correcto, redefiniendo constantemente el significado de lo que es bueno y de lo que es malo.

La ventaja de tener esa voz interior es enorme, y aunque se puede mantener calladita por conveniencia, la mayoría de las veces nos llama con la fuerza necesaria para que no la ignoremos.

Finalmente, la mayor enseñanza de esta historia está en la posibilidad de ser perdonados. No importa que tan lejos nos alejemos de la luz, siempre podemos volver de la oscuridad y transformar nuestro destino.

 

La vida nos da infinitas posibilidades de alcanzar nuestros deseos, solamente hay que desearlo con fuerza, desde el corazón, e intentarlo todas las veces que sea necesario y con la gran ventaja de que no nos crece la nariz cada vez que fallamos.

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