Los nombres del Dragón

Desde pequeño Sai Fon, como le llamaba su madre, fue un niño lleno de intensidad. La razón por la cual lo llamaba Sai Fon -que realmente era nombre de niña- tenía que ver con la antigua superstición china donde los espíritus malignos se llevaban a los varones recién nacidos. Así Sai Fon, de manera involuntaria comenzó a defenderse de sus enemigos. Sai Fon significa “pequeño fénix”.

Nació en la ciudad de San Francisco en 1940 por casualidad, ya que su padre era actor comediante en la ópera china y estaban de gira en ese momento. La enfermera del hospital les recomendó que además del nombre chino de Jun Fan – que tenía por significado “el despertar de un pueblo”- le dieran a su hijo un nombre norteamericano. Les propuso Bruce.

La casualidad y la tradición le dieron al pequeño niño muchos nombres y tal vez estos detalles en su nacimiento forjaron en él un espíritu de lucha y de búsqueda que lo llevarían a alcanzar su legado.

Gracias a ese espíritu, el camino del pequeño fénix, se convirtió en el camino del dragón, Bruce Lee.

El joven guerrero

El pequeño Bruce expresó sus ideas con energía desde muy joven. Si bien nació en los Estados Unidos, vivió su infancia en Kowloon, Hong Kong. La amenaza de la segunda guerra mundial, obligó a su padre a regresar con su esposa y su pequeño hijo al centro del conflicto, justo después de que el imperio japonés, invadiera Manchuria. El resto de la familia, Peter, Agnes y Phoebe, hermanos de Bruce seguían allá.

La madre de Bruce vivía angustiada por la guerra, ya que además de las situaciones comunes que se vivían en un conflicto, su pequeño hijo expresaba su inconformidad de formas un tanto peligrosas.

Cuando pasaban frente a un campamento militar japonés cercano a su casa, Bruce agitaba sus pequeños puños en señal de combate frente a los soldados enemigos. También se cuenta que cuando pasaban los aviones caza japoneses a baja altitud, el niño guerrero subía a la azotea para lanzarles piedras o lo que estuviera a su alcance.

Ya terminada la guerra, Hong Kong volvió a la tranquilidad, ya que los tres años y ocho meses que duró la ocupación japonesa paralizaron la economía de la pequeña isla. Bruce entró a estudiar a una escuela católica de La Salle, de habla inglesa, donde demostró que su habilidad no estaba relacionada con la escuela. Siendo un niño conflictivo, de malas calificaciones y miembro de pandillas, fue expulsado al poco tiempo. Durante estos años, en una ocasión unos niños de otra banda lo acorralaron y de pura suerte Bruce salió sin daño. Ahí su padre decidió que con ese carácter era mejor que su hijo supiera defenderse y le dio sus primeras lecciones de tai chi chuan a los 12 años.

Bruce encontró el equilibrio en las artes marciales. Si bien el tai chi chuan le parecía lento y poco funcional, le abrió las puertas a ese mundo y al kung-fu en el cual decidió forjar su destino. Aprendió muchas técnicas de muchos maestros, su hermano Peter le enseñó esgrima, algunos compañeros técnicas callejeras y otros en academia, lo llevaron a convertirse en un digno combatiente. Bruce enderezó un poco su camino, terminó la primaria y hasta aprendió a bailar cha cha cha.

Sin embargo las pandillas seguían siendo atractivas para el joven Bruce. Con la finalidad de alejar a su hijo de las calles de Hong Kong, Bruce se fue a estudiar a los Estados Unidos, obtener su nacionalidad y finalmente terminar la carrera de filosofía en la Universidad de Washington.

Todo lo que aprendió en su vida lo llevó a construir una filosofía de vida que integraba un arte marcial y una corriente de pensamiento. Si bien posteriormente se arrepintió de ponerle nombre, lo bautizó como “Jun Fan Gung-Fu”, y el estilo de combate que incluía le llamó Jeet Kune Do, “el camino del puño interceptor”. Bruce se había transformado de un peleador callejero en un maestro.

El legado del dragón

Sus escuelas de kung-fu, habían logrado un buen impacto en Estados Unidos, y su técnica era reconocida también en Hong Kong, con lo que había alcanzado el éxito. Pero la fama se la dio el cine.

Desde pequeño, la actuación fue parte de su vida, pues acompañaba a su padre cuando actuaba, y pronto el pequeño Jun Fan comenzó a participar en pequeños papeles en películas cantonesas. Las clases de cha cha cha lo ayudaron a encontrar esa parte estética que le faltaba, además del amor por el entretenimiento.

Cuando le dieron el papel de Kato en la serie de televisión “el Avispón Verde” en 1966, su popularidad se elevó al máximo. El camino del dragón de 1972, fue la película más reconocida de Bruce Lee, consagrando el género y al actor. Bruce murió en 1973 a los 32 años.

Bruce Lee fue un guerrero toda su vida, pero sólo después de recorrer un camino lleno de aprendizajes logró convertirse en un ejemplo, una figura que representaba el éxito a pesar de las circunstancias, que luchaba por la injusticia a pesar de los riesgos, y sobre todo una persona determinada a ganar sin ninguna otra alternativa, logrando sus objetivos sin temor y sin pensar en el fracaso.

Antes de enfrentar algún reto, no dejes lugar para el miedo, toma la decisión de luchar o defenderte, prepárate y solo acepta un resultado; el éxito.

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