Las horas muertas

Paula no podía levantarse de la cama, era una sensación muy desagradable, distinta a esos días en que te sientes cansado, y en cuanto tocas la cama quedas profundamente dormido. Paula no estaba sintiendo eso. Sentía la pesadez de una noche de mal sueño, y una especie de indiferencia hacia el día que comenzaba. Paula estudió derecho en la Universidad y trabajaba en un despacho de abogados de mucho prestigio. Su trabajo siempre le había gustado pero últimamente sus horarios se habían extendido, y el ambiente laboral cada vez era peor. Su jefe había fallecido hace unos meses y por consecuencia su hijo era el nuevo patrón, con nuevas ideas.

México es el país que más horas trabaja de los 35 miembros que conforman la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y esto no es ninguna causa de orgullo, pues el resultado de trabajar tanto no se refleja en un país productivo y de riqueza económica a diferencia de Alemania, el país de la OCDE con menos horas trabajadas. Solo como referencia hay que mencionar que los mexicanos trabajamos un promedio de 43 horas a la semana, mientras los alemanes le dedican a su trabajo solamente 26 en promedio.

Paula había notado algo adicional a esa pesadez mañanera, aparte de arrastrar los pies hasta el baño cada mañana, ahora su carácter era distinto, se sentía más cínica e hiriente al interactuar con los demás. Y si esto no fuera suficiente se sentía ineficiente en su trabajo. Paula, se encontraba en su oficina, ya pasadas las 9 de la noche cuando se dio cuenta que al día siguiente no habría actividad en la oficina, porque era día de muertos, lo que le generó sensaciones mixtas. Por un lado la esperanza de descansar y tal vez salir a correr un poco al parque, por otro, se sentía ansiosa y preocupada por varios pendientes. Decidido, se llevaría algo de trabajo a casa.

El día de muertos es un festejo que ha generado polémica sobre su origen, pues la celebración se compone de varios fragmentos culturales y religiosos de muchas partes del mundo. Varios historiadores y antropólogos mexicanos plantean el origen prehispánico de la festividad, pues la fecha coincide con uno de los cierres de ciclo del maíz, además del culto a la muerte de varias civilizaciones antiguas. En contraste existe una larga lista de coincidencias con rituales europeos, desde el imperio romano hasta los españoles. Un ejemplo es el pan de muerto, que era una de las ofrendas que los reyes católicos de España, mandaban bendecir y colocar junto con otros dulces en la “mesa del santo”, para celebrar a sus santos predilectos.

Paula al final fue al médico y resultó ser parte de más de un tercio de las personas trabajadoras que sufre o ha sufrido lo que en inglés se le conoce como “burnout” y que para los mexicanos sería parecido a sentirnos “bien tronados”. El agotamiento laboral crónico o “burnout” obtuvo este nombre por el psicólogo Herbert Freudenberger en los años 70, al referirse a los médicos y enfermeras cuando cumplían excesivas horas de trabajo. El síndrome de “burnout” tiene síntomas similares a la depresión e incluyen el desinterés por el trabajo y el cansancio crónico. El término “burnout” significa literalmente quemarse, así como los antiguos romanos quemaban a sus muertos.

Llevar alimento y flores a los panteones tiene origen en una cuestión práctica. Hasta finales del siglo XVIII las iglesias eran el lugar de reposo de los difuntos, y la familia y amigos llevaban ahí flores para sus muertos. Se decidió que los muertos deberían estar lejos del pueblo para evitar el brote de epidemias, lo que propició que las personas tuvieran que recorrer largos trechos fuera de la ciudad para venerar a sus ancestros, y para aguantar el viaje llevaban alimentos y bebidas, los cuales se comían con su difunto, utilizando su tumba como mesa.

Varios estudios comprueban que un exceso de horas de trabajo hace menos productivas a las organizaciones y afecta la salud de sus trabajadores, generando un alto costo para la sociedad. Adicionalmente existen varias evidencias mostrando que una persona que tiene tiempo para descansar y llevar a cabo otras actividades se mantiene saludable, es más eficaz en su trabajo, y definitivamente se siente más satisfecho con su vida.

La muerte es inevitable, y recordar a las personas que han dado ese paso, los mantiene presentes, y lo que recordamos son pequeñas cosas, detalles y sobre todo experiencias y enseñanzas de los seres queridos que ya no están con nosotros. No tenemos presentes todas las horas que trabajaron para llevar comida a la mesa, recordamos su llegada al hogar, la sonrisa cansada tratando de disimular un agotador día de trabajo, y los pequeños momentos de charla y de juego que compartimos juntos.

Trabajar es importante, pero vivir es mucho más que eso. Te invito a que reflexiones si esas horas extra en la oficina traen algún beneficio personal, si le dan equilibrio a tu vida y a la de tus compañeros de trabajo. No vaya a ser que al acercarse el final de tus días te des cuenta que quemaste horas valiosas en tu trabajo, horas muertas que no volverán y que pudieron llenarse de sonrisas, de felicidad y de momentos para que puedas ser recordado.

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