La máscara de la risa

Robin Williams

 

 

Robin, como siempre estaba a unos minutos de comenzar su acto. Solo pocos sabían el método que lo preparaba para lo que estaba por suceder. Totalmente inmóvil, con los brazos colgando como un par de cuerdas y su cabeza agachada sin fuerza, mantenía los ojos cerrados como si estuviera dormido, mientras encontraba dentro de su mente al responsable, al personaje que sabía cómo hacer reír al público sin parar. Una vez que salía de su pequeño trance, Robin Williams, cruzaba la puerta convertido en un ser de extraordinaria energía, incapaz de detenerse o ser detenido, entregando toda la fuerza de su cuerpo, su mente y sobre todo de su espíritu para lograr lo que tanto llenaba a su ser, aquella carcajada anónima, el aplauso colectivo y la validación sincera a la que se había vuelto dependiente tantos años atrás.

Como muchas personas que se dedican al entretenimiento, Robin Williams descubrió en su talento una forma muy efectiva de llenar el espacio vacío que se encontraba en su corazón, ya fuera porque no había sido bien llenado, o porque el corazón era demasiado grande. En su caso era un poco de los dos. Hijo único en una familia donde al padre era difícil para sacarle una sonrisa, y por otro lado una madre carismática que era el alma de cualquier fiesta, lo dejaba relativamente solo. Si a eso le agregamos que se mudaban constantemente, hacer amigos para el pequeño Robin era sumamente complicado.

Un día frente al televisor cambió todo su mundo. Pasaban el programa más visto de la televisión americana, “The Tonight Show” con Johnny Carson, y como la típica familia de los años sesenta, la familia completa estaba reunida viendo su programa favorito.

Carson era un tipo simpático que invitaba a distintos comediantes para interactuar con él y hacer reír al público. Ese día lo visitaba Johnatan Winters. Al hacer uso de su instintivo humor e improvisada conversación, Winters logró algo que Robin nunca había alcanzado en su vida. Hacer reír a su papá a carcajadas. El destino estaba sellado.

 

Una de las necesidades más básicas de todo ser humano es la de ser aceptado. Ser amado. Saberse suficiente y valioso es algo que pide a gritos el corazón y la mente busca desesperada una solución a ese requerimiento. Lamentablemente el valor que le damos a la opinión de las personas puede ser mayor que el valor que reconocemos en nosotros. Ese desequilibrio nos lleva a vivir la vida de forma diferente.

Autoestima y la Autovaloración son términos que debemos conocer y diferenciar. La autoestima tiene que ver con una valoración que hacemos respecto a nuestro alrededor. Es una comparación con otros. “En este aspecto de mi vida, estoy mejor que fulanito”. La autoestima es difícil de mantener, pues la competencia es constante, y al buscar la aprobación fuera de nosotros siempre nos deja en desventaja.

El tiempo pasó y Robin Williams se convirtió en un artista consumado, en una persona generosa y llena de amor para sus ahora, muchos amigos. Estudió actuación en una de las escuelas más prestigiosas de Estados Unidos, Juilliard, junto con el que sería su amigo y super-compadre Christopher Reeves.

Su éxito llegó de la mano de un personaje que le permitía explotar toda su energía y vitalidad, un hombre del espacio llamado “Mork”. La fama, combinada con su necesidad de aprobación, lo llevó a un camino peligroso lleno de excesos. Fue hasta que uno de sus amigos de fiesta y talentoso comediante, John Belushi murió de una sobredosis horas después de haber estado con Williams, cuando este detuvo su tren desbocado y la fiesta terminó. Se mudó con su familia a su amado San Francisco y vivió una vida tranquila, hasta que, sin poder estar quieto por mucho tiempo llegaron las películas, y el ajetreo comenzó de nuevo, pero con la única adicción que lo mantenía vivo, la aprobación de su público.

La autovaloración se define exclusivamente por el valor y aprecio que nos tenemos. No refleja la opinión del exterior, más bien reconocemos lo que valemos, nuestras cualidades y virtudes, generando un amor profundo por nosotros mismos. La ventaja es que al amarnos por lo que somos, somos capaces de apreciar y valorar a los demás y eso a su vez nos incrementa nuestra valía interior.

Robin Williams fue un hombre muy frágil que buscó toda la vida la aprobación externa, siempre ocultando su necesidad con una extraordinaria máscara que mostraba a un hombre feliz y divertido logrando que todos lo amaran y reconocieran, pero el único que no alcanzó a reconocerse así fue el mismo. Unos meses antes de su muerte, Robin fue diagnosticado con Parkinson, enfermedad que terminó por fracturar la máscara, liberando la fragilidad y el miedo. El suicidio de Robin Williams no define como vivió pues utilizó sus recursos y luchó toda su vida por hacer lo mejor que podía, entregado y generoso con toda la gente a su alrededor, sin importar si los conocía o no. Simplemente lo venció el peso de querer saberse valioso y querido. Si tan solo se hubiera quitado la máscara un momento y observado al espejo, habría encontrado la luz interior que tanto busco en los otros.

Te pido que te conviertas en tu más grande admirador, y que reconozcas lo valioso que eres, sin importar si los demás te aplauden o te abuchean.

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