La grandiosa pelea

Cassius cambió de nombre en 1962. Tan sólo un par de años antes había ganado la medalla de oro en los juegos olímpicos de Roma en la categoría de boxeo. Cassius Clay tenía 18 años.

Llevaba unos años aprendiendo las enseñanzas del Islam, y decidió que era el momento de ser parte de la Nación del Islam. Otro musulmán negro -como les llamaban a los miembros de la Nación del Islam- llamado Malcolm X pasó a la historia por ser un importante activista político a favor de los derechos de los afroamericanos. Él fue quien acompañó y guío a su amigo en esos primeros años en los que su nuevo nombre Muhammad Alí, comenzaba a ser reconocido.

En unos años, los nombres de Malcolm X y Muhammad Alí serían conocidos públicamente y su mensaje a favor de los derechos de las personas de color sacudiría la ideología de la nación americana.

Malcolm X fue como un hermano mayor para Muhammad y durante unos años mantuvieron su amistad, hasta que un escándalo rodeó a Malcolm X, terminando desterrado de la Nación del Islam. Para sorpresa de Malcolm X, Alí le dió la espalda al que había sido su mentor y amigo. Nunca se volvieron a ver, ya que en 1965 Malcolm X sería asesinado.

Muhammad Alí no era el tipo de persona que cargaba culpas o arrepentimientos, pero no haber hecho las paces con su viejo amigo, es algo que el campeón llevó a cuestas toda su vida.

Alí ha sido reconocido mundialmente como uno de los más grandes deportistas del siglo XX, y aunque sus logros en el deporte fueron varios, los títulos que ganó como boxeador son superados por la gracia y pasión que ponía en cada pelea, no sólo arriba del ring, pues su personalidad arrolladora le permitía dar mensajes apasionados, que ponían a sus rivales en una clara desventaja en el favor del público.

Son muchas las frases de Alí que dejan claro el carácter del boxeador, pero sobre todo la fortaleza de sus convicciones.

Al ser reclutado para participar en la guerra de Vietnam, su resistencia y sus comentarios en contra de la guerra le valieron a Alí la pérdida de su título como campeón mundial de peso pesado, y la licencia para boxear. Adicionalmente fue sujeto de espionaje por parte de la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional, así como otras personalidades que se opusieron a la guerra de Vietnam.

Alí peleó la sentencia y dedicó los tres años que estuvo fuera del ring para defender su postura y hacer conciencia sobre las atrocidades de la guerra. Finalmente ganó la demanda y regresó a los cuadriláteros, más grande y famoso que nunca.

Alí solamente perdió cinco de las sesenta y un peleas en las que participó, y cuando decidió retirarse fue para dedicarse a la función pacifista y a vivir las enseñanzas del Islam.

Para el año 1985 declaró públicamente que tenía la enfermedad de Parkinson, posiblemente por sus años de boxeador, pero en absoluto esto detuvo al campeón para seguir compartiendo su punto de vista con todo el que se pusiera en frente.

Fue incansable hasta el final de su vida en 2016, ya débil y sin hacer apariciones en público, expresaba su opinión en contra, sobre las declaraciones del entonces candidato Donald Trump hacia los musulmanes.

La verdadera lucha de Muhammad Alí no se dio en el ring.

Su constante preocupación por las minorías, por la injusticia y la desigualdad entre personas fue lo que motivó la vida de una de las personas más reconocidas del siglo XX. Alí ha inspirado a muchas personas a la luz de los derechos humanos, a poder ver al otro como su semejante, y a no rendirse nunca ante cualquier dificultad, defendiendo a toda costa sus ideales y valores.

La grandeza no es una palabra que pueda ser aplicada fácilmente, es difícil cubrir sus requisitos pero en el caso de Muhammad Alí, la grandeza le quedaba a la perfección.

 

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