La deuda con mamá

Milo estaba con su familia en uno de sus restaurantes favoritos;  sin ser nada extravagante le gustaba el color de los sillones de vinilo rojo y el metal brillante de los bancos que estaban frente a una barra. Las hamburguesas eran sus favoritas.

Era el año 2010, Milo tenía 9 años. Como cualquier niño de su edad, Milo tenía predilección por ciertos alimentos; entre sus favoritos estaban los refrescos. No había para él mejor combinación para una hamburguesa con papas que un refresco de sabor naranja.

Milo era un niño de mirada profunda, enmarcada en un cabello rubio medio despeinado, muy delgado para su edad y con una sonrisa más bien tímida, muy común para los habitantes de Burlington, Vermont.

El niño recibió su comida y se detuvo a observar una cosa; algo que siempre había estado ahí, pero que de algún modo daba por hecho. El refresco llevaba un popote de plástico asomándose sobre el vaso como esperando ser descubierto. El asunto es que Milo nunca pidió que incluyeran un popote. Ahí se percató que tal vez el popote podía generar contaminación y decidió investigar el asunto.

Vivimos en un mundo de miles de millones de años de edad, aunque realmente no importa cuantos años tiene el planeta, especialmente para la raza humana. Siendo habitantes de la tierra solamente por unos 5,000 años, la realidad es que deberíamos considerarnos más como huéspedes, que como los dueños de la casa.
Aunque la tierra nos ha tratado como una verdadera madre ya que nos ha provisto de cobijo y alimento todo este tiempo y sin limitación alguna. Este es un apoyo que parece no terminarse nunca, y como una madre consentidora, no nos ha puesto un límite que nos permita entender que estamos menospreciando nuestros regalos.

La madre tierra nos ha brindado recursos naturales ilimitados por siglos, y se ha encargado de renovarlos continuamente desde los tiempos en que el hombre descubrió el fuego. El problema al que nos enfrentamos nosotros y las futuras generaciones se encuentra en la velocidad de consumo de estos recursos, y el poco cuidado que ponemos en su renovación.

Se estima que este año 2018, la humanidad se acabó los recursos necesarios para sobrevivir el año completo, desde el mes de Agosto. Quiere decir que la tierra no alcanza a renovar los recursos que consumimos a tiempo para cuando se necesitan, y nos estamos acabando el alimento, el agua, el aire y la energía del 2019. Nuestro pavo de navidad y cualquier alimento o actividad que genere impacto en el medio ambiente es un préstamo del año que entra.

Milo descubrió que cada día en los Estados Unidos se consumen más de medio millón de popotes, un promedio de 1.6 popotes por persona diariamente. Así que comenzó una fundación llamada “straw free”, promoviendo a las personas no pedir popote de plástico en los restaurantes, y a estos solicitarles que pregunten al cliente si quieren un popote, o si prefieren su bebida sin él.

El impacto que tienen estos miles de millones de popotes de plástico utilizados a nivel mundial es considerable, sobre todo en el daño que ocasionan a la fauna marina ya que muchos los confunden por alimento y a otros se les atoran en la nariz, lastimando a los animalitos gravemente.

La fundación Global Footprint Network es otra iniciativa comprometida con nuestro planeta, y se ha dado a la tarea de medir y documentar el impacto de la huella de carbono o huella ecológica, término acuñado por Mathis Wackermagel y William Rees en 1990. La huella ecológica mide como impacta nuestra vida cotidiana en el medio ambiente, considerando el tipo de alimento que consumimos, la energía que utilizamos y otros elementos que impactan los recursos del planeta.

Dependiendo de si comemos carne todos los días o si viajamos en coche 50 kilómetros diariamente, se calcula una fecha en la que, si todos hiciéramos lo mismo, nos consumiríamos los recursos renovables de la tierra para tal fecha y del mismo modo cuantos planetas necesitamos para sobrevivir con este ritmo de vida que hemos elegido.

Por supuesto que cada país tiene un impacto diferente, los hay como Estados Unidos que necesitan 5 planetas para mantener su estilo de vida actual, o como México que ya esta cerca de necesitar dos planetas para vivir como vivimos.

Seguramente estos números no son alentadores, porque lamentablemente, solo hay un planeta, y nos lo estamos acabando. Nuestro cambio de estilo de vida es necesario para que el futuro inmediato no represente retos mayores en vivienda, salud y alimentación. También se requieren cambios tecnológicos que permitan sustituir algunos elementos contaminantes como el plástico y la gasolina, y seguramente se presentarán mejoras en la purificación del agua y el aire, pero no debemos confiarnos en la tecnología o en lo que hagan los gobiernos.

Si un niño de 9 años con voluntad puede lograr un cambio, cualquier pretexto queda sin validez para tomar decisiones diferentes que mejoren nuestra calidad de vida. Comer menos carne y productos derivados de los animales es un gran paso en un país de taqueros, pero el esfuerzo lo vale. El consumo responsable de electricidad, movernos menos en coche y tal vez consumir menos plástico, ya son grandes cambios.

Te invito a que salgas de tu zona de confort y midas tu huella ecológica, puede sorprenderte lo mucho que puedes hacer con poco esfuerzo, y tal vez podamos comenzar a pagar la deuda, para no transferirla con intereses a nuestros hijos.

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