La colmena fantasma

La colmena fantasma

Amanecía en la comunidad de Ecatzingo, cercano al Volcán Popocatépetl, donde Héctor se dispone a comenzar sus actividades diarias. Héctor se dedica al negocio de la miel y se siente muy orgulloso del cuidado de sus abejas; es apicultor y de los buenos. Lo que sucedió esa mañana despertó en él uno de sus grandes temores, algo que en 40 años de dedicarse a las abejas nunca le había pasado; pero los rumores entre sus compañeros eran cada vez más fuertes, y finalmente ese día había llegado.

Cuando te dedicas a las abejas, escuchar el zumbido característico de estos animalitos es algo cotidiano y agradable. Suave y lejano siempre se escuchaba como un despertador natural por la ventana de Héctor. Hasta ese día.

El silencio era lo único que prevalecía mientras se acercaba a las cajas de madera pintadas de blanco, que alguna vez sirvieran de hogar a cientos de abejas. Ya no estaban, las abejas habían desaparecido.

Sólo quedaban las reinas y mucho alimento. Si las abejas no vuelven, las reinas no podrán sobrevivir y la colmena se perderá para siempre, así como el pequeño negocio de Héctor. A sus 60 años, el desamparado apicultor no pudo contener las lágrimas.

Lo que sucedió a la colmena de Héctor es algo que cada vez se hace más frecuente, la desaparición repentina de abejas, dejando colmenas abandonadas, tiene el nombre de Desorden de Colapso de la Colonia o DCC. El porqué sucede este fenómeno ha tenido a los científicos trabajando durante años. En la última década ha desaparecido el 40% de las abejas en Estados Unidos. En México, el tercer productor mundial de miel, se registraron regiones con bajas del 80% en 2016.

Las abejas al igual que todos los demás animales, incluso los humanos, viven en un delicado equilibrio natural que mantiene toda la vida del planeta funcionando. Cuando dañas el balance natural, dañas a la comunidad completa. Lo hemos aprendido a la mala, acabando con ecosistemas completos en diferentes partes del mundo. El que las abejas estén desapareciendo es muy grave ya que le dan equilibrio y soporte a casi todas las especies del planeta, incluidos nosotros. Si las abejas desaparecen, cientos de productos que consumimos diariamente ya no estarán disponibles, pues son polinizados por las abejas. Aguacates, papayas, limones, manzanas y zanahorias, por sólo mencionar algunos dejarían de existir. La lista es enorme.

Se han encontrado dos principales causas para la disminución mundial de abejas. Una es un tipo de pesticidas denominados ‘neonicotinoides’, que aunque son considerados inofensivos para los humanos, para las abejas son devastadores. Las Naciones Unidas acaban de prohibir a nivel mundial el uso de estos pesticidas, para tratar de detener la muerte de las abejas. La otra causa de muerte es más compleja y difícil de resolver, el DCC.

Las abejas al salir de sus colmenas se alejan hasta 20 kilómetros a buscar alimento, su sistema de ubicación se basa en ondas de radio y en condiciones normales es muy sencillo regresar, pero últimamente las abejas se confunden y pierden su capacidad de volver a casa, y sin su comunidad mueren al poco tiempo. Las ondas de radiofrecuencia que hoy circulan en el entorno y que mantienen totalmente conectados a los habitantes de esta sociedad moderna son la posible razón de que las abejas se estén perdiendo. La conectividad es la principal sospechosa.

Lamentablemente el costo de estar conectados y poder mandar un Whatsapp o checar tu Instagram, no sólo es la vida de las abejas y el alimento de la humanidad. También nos está enfermando. Estamos en esa etapa donde los científicos no se ponen de acuerdo si algo hace daño o no, ya sucedió antes con el tabaco, por ejemplo. Aun sin resultados definitivos, muchos están de acuerdo que el teléfono celular, el wi-fi de tu tableta e incluso el chip que abre tu automóvil, emiten pequeñas cantidades de radiofrecuencia suficientes para poder afectar el oído, causar tumores en cerebro y corazón, y problemas de fecundidad en hombres y mujeres al largo plazo. La organización mundial de la salud ha clasificado a los teléfonos móviles como ‘posible carcinógeno’, dejando abierta la duda de que podría causar cáncer.

No niego que los beneficios de estar conectados son enormes y que la sociedad se ha transformado a ritmo acelerado desde que el teléfono móvil nos sirve para tantas cosas que lo llevamos junto a nosotros todo el tiempo. Pero no debemos ignorar el impacto que tienen en nuestra salud y la salud del planeta. Debemos preguntarnos, qué vamos a extrañar más, ¿comer o chatear? Te invito a reflexionar dos minutos, a sembrar algunas flores y desconectarte un rato, no vaya a ser que la siguiente colmena vacía sea la nuestra.

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