La batalla de uno

El rey Teseo se adentraba en el Laberinto, donde la bestia llamada Minotauro vivía, un enorme hombre con cabeza de toro, cuya dieta se basaba exclusivamente en  carne humana. Dicen que fue otro capricho del poderoso Zeus, el que provocó que la esposa del Rey Minos procreara a este ser tan diferente.

Finalmente llegó el héroe que se requería, y si bien no hay un consenso de cómo se dieron las cosas, se cuenta que Teseo derrotó a mano limpia al poderoso adversario, aparentemente sin ninguna ayuda.

Miles de años antes de que los griegos contarán esta historia, las primeras comunidades de humanos poblaban la tierra. El Neanderthal y el Homo Sapiens eran dos de las muchas especies de humanos que llevaban una vida de cazadores y recolectores para sobrevivir.

Estos primates vivían en zonas muy distintas y habían evolucionado basados en sus necesidades específicas. Así el Neanderthal vivía al norte del actual continente europeo y ahí se convirtió en el más fuerte, el más resistente al frío, y el más grande e inteligente de todos los homínidos. Aun así, con todas esas ventajas evolutivas, el imponente Neanderthal hoy no existe y solo gobiernan el planeta los descendientes del Homo Sapiens. Se dice que algunos Homo Sapiens pudieron mezclarse con sus primos más grandes, y algunas culturas llevan en su sangre un poquito de Neanderthal, siendo un caso el de los antiguos Vikingos.

Si imaginamos una batalla cuerpo a cuerpo entre un Neanderthal y un Homo Sapiens, podemos hacernos una idea de la pelea entre Teseo y el poderoso Minotauro. Definitivamente uno de los dos se encontraba en franca ventaja. Y aunque el primer instinto es pensar que la ventaja era del personaje con el par de cuernos en la cabeza, por ser más fuerte y más grande, hay que preguntarnos que hizo ganar al supuesto rival más débil.

En el caso del mito griego se cuenta que fue ayudado por la princesa Ariadna, la cual le proporcionó un ovillo de cuerda que permitió a Teseo salir del imposible laberinto. Cuentan que también escondió una espada para él, sin embargo otros “historiadores” griegos explican que el rey Teseo mató al Minotauro a golpes, y así se convirtió en  el creador del estilo de lucha llamado Pancracio, antecesor de varios tipos de combate cuerpo a cuerpo, entre ellos la lucha libre.

En el caso de las antiguas tribus de seres humanos, la gran ventaja del Homo Sapiens sobre sus rivales fue una forma de batalla organizada en grandes cantidades de individuos. Las tribus de los Neanderthal eran de máximo 50 personas, mientras los Homo Sapiens podían  juntar hasta 500 cazadores de diferentes tribus, organizarse y comunicarse eficientemente para rodear y atacar a su alimento y a sus enemigos. Luchando juntos y coordinados los Homo Sapiens borraron a sus primos de la tierra, quedando tantos hombres de Neanderthal como hay Minotauros en el mundo. Nada vence a un grupo de Homo Sapiens organizados y colaborando con un fin común.

La colaboración  es fundamental para sobrevivir y un ejemplo más reciente es el suceso extraordinario donde un grupo de personas sobrevivió cuando el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló en la cordillera de los Andes en 1971.

Durante 72 días, sin alimento y a menos de 34 grados centígrados de temperatura,  la colaboración y el trabajo en equipo fueron tan importantes para los sobrevivientes como el necesario hecho de recurrir al canibalismo en este caso.

Muchos elementos de la vida moderna han disminuido el espíritu colaborativo del Ser Humano, remplazándolo por uno más combativo.

Nos aislamos cada día en una misión individual donde pareciera que nos enfrentamos solos contra el resto del mundo, sin ayuda y viendo a los otros como competidores o incluso como enemigos.

Existe un estilo particular de lucha libre llamado “Battle Royale”  creado en los Estados Unidos, en donde entran 30 luchadores al ring, y estos pelean entre sí hasta el momento en que sólo queda uno en pie. Este espectáculo inspiró al escritor japonés Koushun Takami a escribir una novela con el mismo nombre y con gran éxito, donde solo uno de los personajes sobrevive al final.

Otro ejemplo es la trilogía de “Los Juegos del Hambre” que ha vendido más de 65 millones de libros, inspirados entre otras cosas en la historia del Minotauro de Creta.

Todo esto se puede ver pequeño en proporción al acelerado crecimiento de uno de los videojuegos más populares de todos los tiempos “FortNite Battle Royale” de “Epic Games” con 200 millones de jugadores a finales del 2018. Este es otro ejemplo de una batalla donde el objetivo es ser el último en sobrevivir y donde todos los demás son nuestros enemigos.

Muchos de estos son enfrentamientos ficticios, pero que reflejan cambios en el comportamiento de la sociedad y sus tendencias. De algún modo el tipo de pelea que nos presenta la lucha libre, o el choque de cuerpos en un partido de fútbol americano, despierta en nosotros esos instintos primarios de lucha para sobrevivir, y de forma más intensa actúan estas nuevas propuestas de entretenimiento donde el enfrentamiento con nuestros semejantes parece ser muy atractivo.

La realidad es que dividirnos y competir entre nosotros no nos hace más fuertes, sino todo lo contrario y aún en las condiciones más adversas, lo que realmente garantiza nuestra supervivencia es la colaboración y la unidad que desde el inicio de la humanidad nos ha permitido crecer y tener éxito.

La ironía de competir todos contra todos está en que si realmente termináramos con la competencia, no habría nadie con quien compartir la victoria, terminaríamos solos y al final habríamos perdido. Ojalá lo entendamos a tiempo.

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