Kotodama Bebop

Masaru estaba convencido de que sucedería. No había mucho sustento para su confianza, la verdad es que no sabía cómo lograrlo, pero una voz en su interior le decía, “¡va a suceder!”. Esa motivación lo empujó durante los siguientes seis años para lograr su sueño. Todo comenzó como una idea, una ocurrencia que podría tener cualquier niño de 8 años. Y en el fondo era un ideal infantil el que buscaba originalmente Masaru Emoto. Quería publicar un libro de fotografías. Tenía la idea de que si tomaba fotos de pequeñas muestras de agua congelada, podría igualar las increíbles figuras de los copos de nieve. Así de simple comenzó la aventura del Dr. Emoto. Dicen que no existe un copo de nieve idéntico a otro, pero Emoto se dio cuenta de las similitudes entre ellos.

Comenzó con lo más a la mano que tenía, el agua de grifo de la ciudad de Tokyo. La congeló a menos 25 grados centígrados sobre pequeñas láminas de vidrio que pondría en un microscopio adaptado para tomar fotografías. Al colocar las placas de Petri con el agua congelada, no obtuvo resultado favorable. Siguió intentando; esta vez con agua de río.

Bud era un niño como muchos otros en el Harlem de los años 30. Su padre era pianista de jazz y rápidamente Bud se enganchó con el instrumento que tocaba papá.

El jazz es un estilo musical que promueve la improvisación. Comienza con una base que podría iniciar con el piano y después el saxofón lo sigue con un pequeño giro y así el pianista puede retomar la armonía del saxofonista, comunicando, reinventando y transmitiendo emociones  a gran velocidad y ritmo.

En ese ambiente creció Bud Powell que a los 10 años ya tocaba el piano con gran pasión. Tiempo después conocería a su amigo Charlie Parker con el cual comenzarían un nuevo movimiento dentro del jazz que subiría la velocidad a la ya dinámica y aparentemente caótica música originada en Nueva Orleans. Un movimiento llamado Bebop.

Así como las primeras muestras de agua de grifo mostraron solo caos para Masaru Emoto, las muestras con agua de río fueron una sorpresa para todos. Perfectas figuras geométricas surgieron frente al microscopio en cada ocasión en que utilizaban agua de fuentes naturales. No importaba si era del río, o de un glaciar, el agua tomaba formas bellas y similares entre sí, dependiendo del origen. Todo el equipo del Dr. Emoto estaba contento y fascinado. Y aquí surgió una idea que parecía una improvisación de jazz, de tan loca e inspiradora como se escuchaba. Un ayudante del Dr. Emoto preguntó, ¿porque no poner música al agua para ver qué sucede? Esa fue la idea que cambió todo.

En los años 40, Bud Powell se convirtió rápidamente en el pianista y compositor más reconocido de este nuevo ritmo acelerado y brillante, llamado Bebop. Charlie su amigo era un gran saxofonista de jazz, y Bud logró imitar y seguir su ritmo con el piano, logrando un estruendo inspirador para otros muchos intérpretes y compositores de jazz.

Tal vez fue un reflejo de la música o está fue un reflejo de lo que pasaba en la mente de Bud, como haya sucedido ciertos ataques comenzaron a afectar de manera sustancial la vida de Bud Powell, siendo invadido por episodios de esquizofrenia.

Este padecimiento ataca a una de cada 100 personas en el mundo, y derivado de un funcionamiento defectuoso del sistema nervioso, trastorna la percepción de los que lo padecen, creando alucinaciones y realidades delirantes que no pueden distinguirse del mundo real.

“El sueño de Cleopatra”, una melodía de Bud Powell es una de los cientos de piezas musicales que probó el Dr. Emoto y que resultó como un extraordinario cristal que parecía emanaba hojas de helecho de cada uno de los vértices de un perfecto y diminuto pentágono de hielo, siendo increíble que casi para cualquier estilo de música, los cristales se comportaban de manera bella y diferente. Excepto con música de heavy metal donde las imágenes generadas en el agua son desagradables y caóticas, cada melodía desde Mozart hasta los Beatles mostró la belleza de la música y el impacto en el agua que la “escuchó”.

Después de probar la música, Emoto dio un paso más atrevido aún, probando con mensajes escritos. El Kotodama, un estilo de escritura, representa para los japoneses el espíritu de las palabras, y escribirlo es la forma de transmitir ese espíritu de una persona a otra. Basado en este concepto espiritual de la escritura, Masaru Escribió el kotodama japonés ” Gracias” y recibió su resultado. Un bello cristal se dibujó en el agua expuesta a esta palabra, mientras que otra muestra con la palabra “Tonto”, resultó en  algo sin forma y descompuesto. El espíritu se había manifestado en el agua. Así como con el jazz, no a todos les agradan los resultados del Dr. Emoto, sin embargo los que coinciden con su visión acerca del agua siguen explorando al vital líquido y sus misterios.

Bud Powell luchó con su enfermedad y siguió trabajando hasta su muerte brindando frescura al jazz y dándole un nuevo rostro para la era moderna.

El libro ” los mensajes del agua”, se publicó en 1999 con recursos propios, ya que ninguna editorial creyó en su éxito. Poco después se convirtió en un fenómeno mundial traducido a varios idiomas presentando las hermosas fotos y el rostro que el  agua nos muestra para melodías, palabras y sentimientos.

Somos 70% agua,  así  que seamos prudentes con lo que escuchamos y con lo que decimos, pues tal vez el beneficio de una buena melodía o de una frase bondadosa pueda cambiarnos hasta en lo más elemental de nuestro ser.

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