Juego Bonito

El futbol no es como cualquier deporte. Si bien es una actividad física, que demanda técnica y preparación, como muchos otros, el Soccer es más lo que es fuera de la cancha, que lo que es dentro de ella.

La pasión y compromiso de los jugadores, once de cada lado, solo es superada por la intensa energía que emanan todos los que los acompañan en las gradas del estadio, por más pequeño que este sea, incluso si no hubiera uno.

Y de hecho alrededor del mundo existen muchos lugares para jugar futbol sin estadio. Las llamadas “cascaritas” han servido por generaciones a demostrar que no hace falta más que unas cuantas piedras y un trozo de tela asemejando una pelota para lograr la magia especial de patear algo.

El futbol se juega en todo el mundo. Algo que debería ser difícil considerando la gran variedad de culturas y de formas de llevar la vida en el planeta, pero que para el deporte nacido en Inglaterra, se ha vuelto una realidad sencilla el unir en un mismo espacio cualquier tipo de persona sin importar su credo, raza o situación económica. No importa si se juega en la playa o arriba en las montañas, en África o en Suecia, todos aman el futbol.

Y en un lugar así, incrustado en las favelas de Brasil, uno de los lugares más pobres del mundo surge uno de los grandes jugadores de todos los tiempos.

Tal vez cada persona pensará en el mejor jugador del mundo e imaginará a alguien en especial, tal vez un holandés como Johan Cruyff, un alemán como Franz Beckenbauer, un argentino como Maradona o un italiano como Leo Messi, pero ninguno puede pensar en dejar afuera al primero de los grandes futbolistas del mundo, aquel que estableció las bases de un juego diferente, un juego dinámico y artístico, un juego bonito. Estamos hablando del Rey, del Rey Pelé.

Pelé comenzó su carrera en un país que renegaba de su origen y qué pensaba que el futbol sin orden y juguetón que se veía en las calles y en las playas era la causa de que el país estuviera tan mal en el deporte a nivel internacional. La búsqueda de jugadores blancos como José Altafini “Mazzola” hacía aún más difícil que alguien como Pelé a sus once años alcanzará a esquivar esa oleada de discriminación y prejuicios.

Finalmente después de mucho buscar y de muchos rechazos, logró entrar al que sería su equipo para toda la vida, el Santos de Sao Paulo.

El joven de dieciséis años era recibido para jugar futbol, después de años de practicar el dominio del balón en donde fuera, mientras ganaba el dinero para subsistir como limpiabotas. Un año después entraba a la selección nacional como “garoto” o suplente, y así llegó a su primer escenario internacional en el mundial de Suecia 1958.

A su corta edad sorprendió desde el principio, convirtiéndose en el jugador más joven en meter dos goles en un partido de mundial, y fue el primer adolescente en meter un gol en una final de Mundial. Ambos logros se mantuvieron invictos hasta la copa del mundo de Rusia 2018 donde el jugador francés Kylian Mbappé logró con diecinueve años alcanzar al Pelé del 58.

Después de ganar los tres campeonatos mundiales, de  1958, 1962 y en el de  México en 1970, la copa Jules Rimet pasó a ser posesión permanente de la selección carioca, que nunca volvería a ser pequeña, pero tampoco tan gloriosa como la que integró a Vavá, Zagallo, Garrincha y el número 10, el Rey Pelé.

Hasta la fecha el futbol inspira a generaciones completas a dar todo en la cancha, construyendo una afición tan sólida, tan fiel que son pocas las situaciones que están por encima de una final de nuestro equipo favorito.

Portar la camiseta de nuestra selección  es algo que en el mundo se lleva con orgullo y especialmente en México, es la otra ocasión en donde gritamos con energía y patriotismo, el llamado a la grandeza que nos enseñaron los padres de la patria. ¡Viva México!

Loading Facebook Comments ...

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *