Imaginemos cosas…

Imaginemos cosas…

Michelle jugaba. Jugaba con una pequeña muñeca, y algunos otros juguetes en su mesa. Imaginaba que la muñeca era la reina Isabel y que estaba a punto de iniciar la guerra contra los españoles. Algunos barquitos de papel hacían de la imponente “Armada Invisible” española. La diferencia de fuerza entre españoles e ingleses era monumental y para Isabel era un gran reto el defenderse del Imperio Español, Así que para Michelle y su muñeca esos barquitos de papel eran un peligro inminente.

 

De pronto, en medio de la batalla Michelle tuvo una idea que no tenía nada que ver con su pequeña guerra de papel. Abrió el cajón de su escritorio, y con sólo un movimiento de su mano pospuso el ataque naval, guardando a la reina, la flota naval y el resto de sus pequeños juguetes. De regreso al trabajo.

 

Michelle es una exitosa ejecutiva de 37 años, que hasta hace unos minutos había lidiado con un problema sin resolver desde hace varios días. Usa la técnica del juego para poder desconectarse un poco de su realidad y así observar los retos de su trabajo desde una perspectiva diferente, para obtener el éxito.


 

En esta ocasión la reina Isabel, le había ayudado una vez más a encontrar la solución a un problema que tenían en el área de producción. Además de liberar su estrés acumulado y ponerla de buen humor.

 

Conforme crecemos comenzamos a construir en nuestra mente algunas creencias, que sirven normalmente para definir la forma de comportarnos en el mundo. “Jugar es para los niños pequeños”, o ” Yo no soy una persona creativa”; son algunos de los juicios que podemos escuchar en el mundo de los adultos.  La visita al mundo de la imaginación como algo saludable, ha sido corroborada por varios estudios científicos que nos revelan que usar nuestra creatividad e imaginación diariamente es una cosa muy seria.

 

La Doctora Stephanie Carlson se ha dedicado a identificar la relación que existe entre lo que llama la “función ejecutiva” del cerebro, que involucra todas nuestras acciones conscientes; y por otro lado la capacidad de utilizar la imaginación y el juego. Resulta que ambas funciones están muy relacionadas, y cuando el hemisferio izquierdo, “el lógico” requiere resolver algún problema, acude al hemisferio derecho, “el creativo” que dispara una serie de diferentes alternativas, que ayudan al cerebro “lógico” a elegir la mejor opción. La práctica constante de nuestra creatividad mediante la imaginación, nos ayuda así a tomar mejores decisiones.

 

También la imaginación nos ayuda a equilibrar nuestras emociones, y es por eso que utilizamos el humor como una forma creativa para desconectarnos de nuestra realidad y reírnos un poco; incluso en los lugares más inoportunos, como un funeral o en un hospital.

 

Piensan algunos autores que, la capacidad de imaginar (no los pulgares invertidos) es la clave del éxito evolutivo de la humanidad, ya que esto nos permitió crear de la nada gobiernos, escuelas y empresas, pilares fundamentales de la sociedad. También de la nada creamos el lenguaje, las matemáticas y el dinero; y así miles de cosas que no existirían sin la imaginación.

 

Jugar nos permite imaginar y pretender ser alguien que no somos por unos momentos. Todos hemos escuchado como Google establece espacios de juego para que sus empleados disparen su creatividad. Boliche, ping-pong o voleibol de playa son ejemplos de un día de trabajo en esta empresa. Pero ya no es la única y cada vez son más las que entran en esta dinámica. El Instituto nacional para el juego (National Institute for Play), es una organización que asesora a varias compañías para implementar técnicas de juego a su organización, buscando beneficios como creatividad, motivación y productividad.

 

La forma de ver el mundo puede llevarnos a alcanzar el éxito o a darnos por vencidos incluso antes de intentarlo, pero, ¿Y si pretendemos ser alguien exitoso? ¿Y si imaginamos que realmente los retos de nuestra vida son muy sencillos de resolver?  ¿Y si jugamos a ser héroes?


 

Mohamed Alí, para algunos el boxeador más grande de la historia, decía que “un hombre sin imaginación es como una mariposa sin alas”; pero también decía: ” flota como mariposa, pero pica como abeja”. No confundamos la imaginación como falta de acción. Jugar es la suma de la imaginación, la emoción y la acción. Si queremos tener éxito, hay que imaginarnos cosas, pero sin trabajar duro, no llegaremos lejos.

 

Te invito a que pretendas por dos minutos, ser tu mejor versión, debes imaginarlo con ganas; después haz todo lo necesario para alcanzar serlo. Y si algo no sale como esperabas, no importa, comienza de nuevo, es sólo un juego.

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