Historias extraordinarias

Tyler como a muchos otros, le ha faltado algo en algún momento de su vida, sin embargo nunca se ha quedado sin una buena historia para contar.

Tyler Riewer ama contar buenas historias, historias verdaderas de personas reales. Vive en New York, un lugar lleno de anécdotas, además viaja por el mundo constantemente y en sus viajes ha visto muchas cosas, las cuales lo han motivado a compartir historias de personas ordinarias viviendo situaciones extraordinarias.

Tyler colabora con una organización sin fines de lucro llamada <<“Charity: water”>>, enfocada en llevar agua limpia a lugares donde este vital líquido es escaso. Uno de estos lugares es Nigeria. Ahí es donde conoció a Fadoum.

Fadoum tiene 26 años de edad y vive en una zona del desierto del Sahara, en Nigeria. Su rutina es simple y no es nada del otro mundo para ella, por eso cuando Ryder le pidió acompañarla durante su día se sorprendió por que algún extranjero se interesara en una persona común.

Ya le había comentado lo que hacía en un día normal, despertar antes del amanecer para ir por agua, hacer el desayuno, ir por más agua, poner granos a remojar para la comida y la cena, salir por más agua. La narración de su día sonaba simple y no era nada del otro mundo, pero al acompañar a Fadoum, Tyler el contador de historias se dio cuenta de la realidad. Fadoum vivía diariamente una asombrosa travesía llena de retos excesivos y agotadores, tan sólo por unos cuantos litros de agua.

Además de bañar y vestir a sus hijas, limpiar su hogar y alimentar a las cabras, el trayecto por agua es la actividad más pesada del día. Se requieren horas para dirigirse hacia el pozo, realmente un agujero en el suelo de más de 100 años de antigüedad en medio del desierto, donde las mujeres de las comunidades cercanas, recorren kilómetros con pequeños bidones que amarran a cuerdas y bajan por el agujero, recolectando de 10 a 20 litros de agua por cada viaje.

Fadoum sonríe, no piensa que su vida sea dura, simplemente es así, y la disfruta, no conoce el concepto de tiempo libre y su descanso sólo existe al recostarse en su cama, dormir unas horas y comenzar la rutina diaria que le tocó en la vida.

Tyler tiene razones poderosas para compartir un día con alguien como Fadoum, ya que conoce el poder de  una historia para ayudarnos a ver el mundo con otros ojos. Y también para recordarnos lo verdaderamente valioso y que olvidamos constantemente, sumergidos en la rutina y adormecidos por los privilegios a los que nos hemos acostumbrado.

Las manos envejecidas y ásperas de Fadoum son el resultado de una situación sin muchas oportunidades. Estamos hablando que sin estos viajes constantes al pozo, la familia de esta heroica mujer nigeriana no podría subsistir y mantenerse sana, asumiendo que el agua que consume no está contaminada, porque la mayoría de las personas que tienen acceso limitado al vital liquido normalmente consumen agua sucia provocándoles enfermedades de todo tipo.

La actitud de Fadoum es muy relevante porque pese a el doloroso cansancio de conseguir agua, su vida es agradable y la vive satisfecha. Fadoum no ha conocido, y probablemente no conocerá una vida diferente.

Tyler si ha conocido vidas diferentes, y ese es el valor que aporta hacia la sociedad. Desde su punto de vista, ampliado por la escasez observada en sus viajes, puede ayudarnos a los demás a asomarnos a lo que viven personas menos afortunadas que nosotros. Es importante hacer ese trabajo, porque solo así podemos entender con mayor facilidad a los demás. Y aún mayor relevancia está en el reconocer lo valioso que tenemos en nuestra vida.

En la actualidad una de cada 10 personas en el mundo no tiene acceso al vital líquido, sumando casi 700 millones de personas, el doble de la población de los Estados Unidos, seis veces las personas de nuestro México. Y aquí en muchos lugares de nuestro país, la realidad no es muy diferente a la del Sahara. Muchas comunidades viven el recorrido de horas por un par de garrafones de agua.

El problema no es solamente el suministro, sino también el consumo desmedido y la falta de conciencia, fórmula muy peligrosa para el futuro cercano. Si nos preocupa nuestra dependencia de los hidrocarburos, hagamos algunas cuentas con el agua, ya que para poder tomar una taza de café, se requieren 140 litros de agua, si le agregamos una hamburguesa son otros 2 mil 400 litros y si de casualidad llevamos puestos un par de zapatos de piel, estos necesitaron 8 mil litros de agua para fabricarse. Nuestro impacto individual es de 5 mil 400 litros al día, y no va a mejorar si no hacemos algo al respecto.

Cuando las cosas no salen como uno espera, lo más valioso es reconocer la calidad humana y la generosidad dentro de nosotros y trabajar en comunidad para resolver los retos de manera colectiva. Hoy tenemos la oportunidad de fortalecernos como sociedad, si reconocemos en el otro a alguien igual y mantenemos la esperanza, podríamos construir nuestra propia historia extraordinaria.

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