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Hielo y fuego

1996 fue un año interesante para George. Estaba llegando a la etapa final de la década de los cuarenta, y ya había alcanzado algunos logros profesionales. Su divorcio marcó el inicio de su carrera como escritor profesional y a partir de ahí habían pasado diecisiete años de trabajo. Nada mal para un hijo de Bayonne, New Jersey. Nunca se definió en algún género particular, pero la tendencia a la ciencia ficción era evidente. La historia es similar a la de tantos escritores que se inspiraron en los relatos de su niñez, los cómics que llegaron a sus manos y los clásicos como Julio Verne o H.G. Wells.

¿Lo definía su trabajo? tal vez. Aunque si así fuera no podría solo ser escritor como él se visualizaba. También trabajaba para la competencia principal de los libros, la televisión. Años ya habían pasado en el mundo del espectáculo, casi una década. Comenzó en CBS como editor para uno de los clásicos de la televisión, The Twilight Zone o como en español se conoció, La Dimensión Desconocida. Posteriormente se volvió productor de una serie de televisión que alcanzó buenos niveles de audiencia, La bella y la Bestia, también con CBS.

De esta forma sería imposible pensar que a George lo definía su trabajo. Por lo menos no era así en 1996. Algunos libros habían resultado, aunque ninguno con el apreciable distintivo de Bestseller. Algunos reconocimientos por su trabajo con ciencia ficción en historias cortas y detalles de ese tipo. Un escritor común sin muchas expectativas de vivir un gran éxito editorial. Mucho menos al punto donde su nombre y su trabajo pudieran competir por fama y reconocimiento. Pero todo cambió el primero de agosto de 1996.

Ese fue el momento en que George R.R. Martin observó la primera copia de su nueva novela en el anaquel de una librería. Con una cubierta de acabado metálico y el título en letras azules, la primera edición de Juego de Tronos salía a la venta.

En la actualidad podemos identificar sin problema a la obra y al autor, pues casi veinticuatro años después, la serie de libros que involucra el universo creado por Martin, sigue el rumbo de clásicos modernos como el señor de los anillos o Harry Potter. Pero así no se veían las cosas en el año que surgió este clásico. George se había enfocado en ciencia ficción y aunque la escritura fantástica era muy compatible con su estilo, no había explorado mucho este género literario. Lo motivó su casa editorial y llegaron a un acuerdo.

El plan original era escribir tres libros en tres años. La confianza excesiva de un escritor no conoce límites y como es de esperarse a veces la musa simplemente se va de vacaciones. A la primera entrega ya estaba retrasado y el camino seguía siendo muy largo. El tiempo pasó hasta que vio la luz el primer volumen de la canción de hielo y fuego, llamado un juego de tronos.

Las ventas fueron en el mejor de los casos, moderadas. Hubo una pequeña gira para promover el libro pero nunca se juntaron cien personas a la firma del mismo. En una ocasión no sólo no llegó nadie, sino que el pobre George ahuyentó a cuatro compradores de la tienda, al ver que iba a ver un evento con él. Nada de eso le afectaba, estaba acostumbrado a poco éxito y muchas adversidades.

Unos años después el público comenzó a comprar el libro. El poder de la recomendación permitió que la gente reconociera una historia interesante, inspirada en la historia de la humanidad, pero al mismo tiempo ajena y diferente. El mismo año que salió a la venta, George R.R. Martin ganó el premio más importante del mundo de la ciencia ficción y la fantasía, el premio Hugo. Creado por Isaac Asimov, el premio se había convertido en el máximo reconocimiento que un escritor podía recibir en estos géneros. Adicionalmente ganó otros premios y todo esto catapultó a la fama al escritor que estaba a punto de cumplir cincuenta años.

Si bien George podía percibir el enorme éxito de sus libros, entendía que era el trabajo de muchos años y algo de suerte lo que lo había llevado hasta ese momento. Nada lo había preparado para lo que sucedería al arrancar la serie de HBO en 2011.

Estar en la categoría de Tolkien, Rowling o Asimov es algo que cualquier escritor podría desear, pero solo pocos llegan al nivel de convertirse en un suceso mundial. Comúnmente los toma por sorpresa.

El universo creado por Martin se ha convertido en parte de la cultura colectiva y eso es difícil de borrar con el tiempo. Su obra llena de guerreros, dragones y otros seres fantásticos conecta con lo más profundo de nosotros y su mayor inspiración debe encontrarse en la perseverancia de seguir trabajando sin importar los obstáculos y la confianza de saber que si hacemos lo que nos apasiona, podremos algún día contagiar esa pasión a otros.

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