Eternamente Peter

Dos es el comienzo del fin. Eso pensó Wendy cuando se dio cuenta que debía crecer. Su madre, la Señora Darling hizo el comentario que muchos padres han hecho a sus hijos cuando hacen algo enternecedor; “Ojalá no crecieras y te quedarás así, pequeñita”. Wendy a sus dos años de edad entendió que había comenzado a crecer y que era inevitable.

 

Todos los que tienen hijos saben lo rápido que pasa la infancia de un hijo. Un día dan sus primeros pasos y sin darse uno cuenta ha pasado el tiempo y ya van a la Universidad. El momento parece tan efímero que nos hace desear que nuestros hijos se mantengan siempre jóvenes, inocentes y tiernos.

 

Disfrutar la infancia de los hijos es algo valioso e importante, sin embargo el deseo de que permanezcan por siempre jóvenes puede incluso resultar contraproducente.

 

J.M. Barrie, al comienzo de su famoso libro “Peter Pan” nos dice que todos los niños crecen, excepto uno…

 

Peter Pan es ese niño que decidió – a diferencia de Wendy – que crecer era opcional y que podía mantenerse eternamente joven y nunca convertirse en adulto.

 

La idea de la eterna juventud no es original del mencionado autor. La eterna juventud es un deseo oculto de la humanidad desde tiempos remotos. Los griegos y los egipcios llevan en su mitología  ejemplos de esta lucha contra el tiempo y la vejez.

 

Para los griegos la eterna juventud está representada en Dionisios, el “puer aeternus”, el joven – dios que vivía una vida de emociones, placer y ninguna responsabilidad.

 

Todo lo contrario es el caso de Cronos, el dios del tiempo, Responsable, disciplinado e implacable. El adulto.

 

Si bien la historia de Peter Pan es clásica y llena de encanto, hoy sirve de referencia de dos comportamientos muy populares en nuestra sociedad moderna; el síndrome de Peter Pan y el síndrome de Wendy.

 

Ninguno de estos está reconocido como desorden a nivel de salud mental, sin embargo se han vuelto muy prácticos para reconocer comportamientos que no son los más convenientes para una vida plena en la actualidad.

 

El síndrome de Peter Pan no tiene nada que ver con perseguir nuestra propia sombra o volar con polvo de hadas,  más bien se enfoca en la imposibilidad de dar el paso a la madurez y seguir comportándonos como niños o jóvenes de 16 años. No es exclusivo de los hombres pero es mucho más común por cuestiones culturales que los hombres no asuman un papel de adultos y se queden estacionados en su juventud con comportamientos relativamente inofensivos, como la forma de vestir o jugar videojuegos, hasta situaciones graves como la total irresponsabilidad y el aislamiento emocional.

 

Un hombre que no quiere crecer y mantiene su comportamiento infantil, puede mantenerse sin pareja estable, aislado emocionalmente para no adquirir ningún tipo de compromiso, pero comúnmente encuentra a la contraparte de su comportamiento, a Wendy, la media naranja “perfecta” para estos niños-hombres.

 

Las mujeres que toman el papel de Wendy, asumen las responsabilidades de sus seres queridos como propias. Puede ser tan pequeño como hacer la tarea de sus hijos, o dejar sin ninguna responsabilidad doméstica al esposo, porque “llega cansado”.

 

Subsidiar a los otros y enfocarse en resolver los problemas de los demás es la forma de ver el amor para las Wendy’s del mundo.

 

Igual que el síndrome de Peter Pan, el de Wendy no es exclusivo de las mujeres, pero es mucho más común que en los hombres. Las Wendy’s son comprometidas, responsables y mantienen funcionando el hogar y todo lo que les rodea, compensando de esa manera la ausencia de responsabilidad de su pareja.

 

El desequilibrio de estos dos comportamientos impide a ambas partes crecer como personas, una por enfocarse en los demás, tratando de salvar a todos y el otro por ser egoísta y auto-complaciente.

 

No todo es malo en Wendy y Peter. Wendy es una mujer comprometida y trabajadora, nada se le atora y se le reconoce como el motor de su entorno. Peter por el otro lado es una persona carismática y extrovertida, muy fácil de tratar, creativo e inspirador. Ambos, Peter y Wendy tienden a ser muy inteligentes a su manera e incluso pueden simular su desequilibrio de forma muy convincente con los demás.

 

Seguramente conoces a algún Peter, a una Wendy, o incluso puedes parecerte a alguno, ya que nuestra sociedad actual nos lleva fácilmente a ese camino de relajación e inmadurez, y al momento de pagar las cuentas siempre hay Wendy’s que sacan la casta y resuelven los problemas de su Peter.

 

Para las personas que toman el papel de Wendy lo mejor es hacer más actividades que las beneficien personalmente, y para los que son más como Peter Pan, comenzar con actividades que fomenten su generosidad, unirse a algún grupo de interés común o conseguir una mascota.

 

Crecer nunca ha sido sencillo, y tal vez mantenernos jóvenes y sin problemas  suena atractivo, pero lo que se pierde al no ser responsables de nuestra vida, es la gran oportunidad de experimentar situaciones nuevas y diferentes, encontrar y superar nuestros límites y  compartir lo que hemos aprendido con otros.

 

Al permitirnos crecer descubrimos que la verdadera libertad se encuentra en lo que aprendemos de la vida, siendo esa y no el polvo de hadas, la verdadera receta para volar.

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