Elegancia y ferocidad

Jacqueline comenzó a tocar a los 4 años. Se enamoró del sonido que emitía el violonchelo, y sería un amor que duraría para siempre. También encontraría el amor en Daniel, un pianista y director argentino que conocería de la única forma que un par de músicos puede conocerse. Se conocieron en Londres en 1966, en una fiesta, y en lugar de saludarse y decir “Hola, buenas noches”, en silencio se vieron mutuamente y se sentaron a tocar Brahms. Se casaron al siguiente año.

En ese mismo año, 1967, dieron uno de los conciertos más representativos de la carrera de Jacqueline Du Pré y Daniel Barenboim. Al haber sido televisado, la extraordinaria presentación perdura hasta nuestros días y en esta se pueden identificar las extraordinarias habilidades de Jacqueline y la enorme pasión con la que interpretaba a la perfección la música de Elgar. También en ese video se puede observar el profundo amor y admiración que tenía su amado Daniel por ella. Gracias a su talento y al romance que reflejaban, se convirtieron en la pareja más reconocida del momento. Lamentablemente para Jacqueline, ambos romances durarían poco tiempo.

El chelo o violonchelo, es el segundo instrumento de cuerdas más grande de la orquesta moderna, pero su nombre nos indica que no siempre fue así, pues “cello” realmente significa pequeño, haciendo referencia a instrumentos más grandes que ya no existen desde el siglo XVII. La familia de los violines, instrumentos de cuerda que podían sostenerse con el brazo, se han utilizado en varios tipos de música y su sonido genera las notas bajas de la escala musical.

El primer concierto que dió Jacqueline fue en 1961 en Wigmore Hall, en Londres. Este primer concierto, lo interpretó con un instrumento misterioso que llegó a sus manos de forma anónima, un extraordinario violonchelo fabricado en 1672 por uno de los más míticos fabricantes de la historia, el italiano Luthier Antonio Stradivari. Este fue el único chelo que fabricó ese año y como muchos de los instrumentos que fabricó, han tomado el nombre del mejor artista que los utilizó, siendo este instrumento conocido como el Stradivarius Du Pré.

La música de Du Pré era capaz de quitar el aliento, mostrando una interpretación de tal fuerza que presentaba elegancia y ferocidad al mismo tiempo. De hecho verla tocar su instrumento daba la impresión de que ambos, la persona y el instrumento eran una sola entidad.
A los 26 años Jacqueline Du Pré comenzó a identificar algunos problemas al tocar. “Mis manos dejaron de funcionar”, comentó años más tarde. Inicialmente dejó de sentir las cuerdas con sus dedos. Nunca pensó que lo que le sucedía era algo tan terrible como la enfermedad que la atacó. Dejó un año de dar conciertos y trato de recuperarse. Al llegar el diagnóstico de esclerosis múltiple, su carrera terminó.

La esclerosis múltiple es la enfermedad más común en jóvenes, de las relacionadas con degeneración neuronal. La capa que cubre las conexiones neuronales, llamada mielina comienza a deteriorarse y literalmente los nervios de todo el cuerpo comienzan a destruirse. Normalmente le da a personas entre 20 y 50 años, la mayoría mujeres. No se conoce la causa que origina que el sistema comience a auto-destruirse, pero se piensa entre otras causas un origen genético. Un dato que llama la atención es que los casos de esclerosis múltiple disminuyen a la mitad cruzando el paralelo 37, partiendo por la mitad a los Estados Unidos.

En la Universidad de Florida, el investigador Brad Hoffman ha logrado curar de esta enfermedad a ratones mediante una mezcla de terapia genética y rapamicina, un medicamento que ayuda a evitar el rechazo de órganos transplantados y que está dando sorpresas al incrementar la longevidad.

Jacqueline Du Pré falleció a los 42 años de edad, después de una lucha de más de 14 años contra la enfermedad que la dejó completamente paralizada al transcurrir los años. Después de retirarse se mantuvo activa, comprometida con ayudar a otros a mejorar sus talentos musicales y se convirtió en maestra, pero con su actitud siempre positiva, no solo fue una maestra en la música sino un ejemplo de resiliencia y alegría sin precedentes. Con una sonrisa peculiar casi infantil y unos ojos expresivos e iluminados, Jacqueline Du Pré mantuvo su gran amor por el sonido del chelo toda su vida, así como amó a Daniel hasta el último día.

Jacqueline Du Pré nos dejó un gran legado musical, inspirando y abriendo camino a grandes chelistas como Yo Yo Ma y Carlos Prieto, los cuales siguen haciendo vibrar las cuerdas de sus chelos y provocando ese tipo de vibración que sacude el espíritu, creando un breve momento especial, parecido al que logró Jacqueline, siempre con una sonrisa, elegante y feroz.

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