Blog de Educación, Innovación y Tecnología
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El Terrible Unicornio

El caso de Elizabeth Holmes

Elizabeth tenía tan solo 7 años y absoluta claridad de lo que quería ser cuando creciera: sería multimillonaria.  El entorno donde creció le permitió aspirar a grandes proyectos y su determinación la llevó a alcanzar cualquier meta que se proponía. No importaba el costo, Elizabeth Holmes lograba lo que deseaba.

Desde pequeña fue impulsada por su padre a buscar un propósito en la vida. El dinero podía llegar, pero solamente si iba acompañado de un objetivo más grande. Y así lo hizo Elizabeth. Una vez que entró a la universidad de Stanford con una beca especial de 3,000 dólares, comenzó a decidir su brillante y en este caso, turbulento destino.

Elizabeth entró a estudiar ingeniería bioquímica, pero sólo estuvo ahí un par de periodos y abandonó la universidad, debido a que ya había encontrado el proyecto y los recursos para convertir su sueño en realidad. Derivado de su miedo a las agujas y la muerte de un tío que tenía cáncer, se le ocurrió una idea que, pensaba cambiaría al mundo.

A los primeros que convenció fueron a su maestro de bioquímica, un prestigioso doctor de 55 años con mucho carisma entre los alumnos, y al estudiante de doctorado al que fue asignada como ayudante, Shaunak Roy. La chica de 19 años acababa de convencer a ambos que la idea que les proponía era posible. Y así cobró vida el terrible unicornio llamado Theranos.

Se le llama unicornio a una compañía, comúnmente de tecnología, que en muy poco tiempo consigue alcanzar un valor de miles de millones de dólares. Un ejemplo de unicornio es la compañía Uber, que en la actualidad está valuada en quince mil millones. En el caso de Theranos su valor ascendía a nueve mil millones de dólares.

El carisma y habilidad de convencimiento eran las grandes habilidades de Elizabeth Holmes, la joven de 19 años que supo venderle su sueño a tantas personas que para 2015 se le consideraba la sucesora de Steve Jobs.

El sueño de Elizabeth era construir un dispositivo que permitiera realizar cientos de pruebas para diagnóstico con tan sólo unas gotas de sangre.

Con una sola gota, la pequeña máquina podría diagnosticar desde colesterol alto hasta cáncer.

La nobleza de su causa convenció a muchos inversionistas, ya que de alcanzar el éxito,  permitiría que los médicos pudieran darles seguimiento a sus pacientes de una manera mucho más precisa y constante, pues podrían contar con esta pequeña máquina en casa de los enfermos.

También le llamó mucho la atención a los grandes fabricantes de medicamentos pues ahorrarían muchos recursos al monitorear constantemente los resultados de sus medicinas experimentales.

Todos ganaban con el proyecto que les proponía Elizabeth Holmes, y la confianza fue fluyendo así como el dinero y entre 2003 y 2015, Theranos había recaudado más de 900 millones de dólares. Muchos inversionistas experimentados, incluido el empresario mexicano Carlos Slim, se subieron al barco de Theranos.

El boxeador Muhammed Alí decía “para ser un gran campeón, debes ser el eres”. Este es un  mejor, y si no lo eres, pretende que logran consejo que nos inspira a alcanzar sueños que parecen de primera mano inalcanzables, pero con esfuerzo y dedicación se logran. Para ser hay que parecer.

Esta práctica es muy común en Silicon Valley, donde muchos de los grandes como Microsoft, Google o Apple, presentaron en sus comienzos proyectos extraordinarios que entusiasmaron a muchos y que posteriormente bajaron a la realidad.

Especialmente Steve Jobs era experto en presentar como posibles, proyectos que eran extraordinariamente difíciles o imposibles, pero mientras Steve estaba en la habitación, todo sonaba muy bien. A esta habilidad de Jobs la conocían como el campo de distorsión de la realidad de Steve.

Así pues, el prometer algo antes de que sea realidad es común en las empresas de tecnología, y si no salían las cosas como se habían prometido, pues no pasaba nada. Y así han nacido muchos unicornios en Silicon Valley.

Elizabeth Holmes, inspirada en Steve Jobs actuaba de este modo al comienzo de su compañía, y por lo que parece sus intenciones eran legítimas; buscaba realmente hacer una contribución valiosa.

Lo que Holmes no distinguió  en su momento es que no es lo mismo prometer que tu computadora va a hablar cuando la enciendas -como lo hizo Jobs en Apple- que comprometer la salud de más de un millón de personas, entregando estudios de laboratorio falsos. Theranos no era una empresa de tecnología, era una empresa de salud, y poco a poco, al no lograr que su máquina llamada “Edison” funcionará, fue cubriendo sus errores con las mentiras que finalmente destruyeron la compañía y el sueño de Holmes.

Holmes pretendió haber logrado algo y engañó hábilmente a muchos para convertirse en unicornio, engañando a inversionistas y poniendo en riesgo la salud de muchas personas, asumiendo que con algo de tiempo y más dinero podría lograr que su máquina funcionara. Elizabeth Holmes confundió el camino para lograr su propósito. Hoy enfrenta la posibilidad de veinte años de cárcel por fraude, y ni los mágicos poderes del mítico unicornio podrán salvarla de ese destino.

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