El primer paso

El primer paso

Miguel llegó con su familia al que sería su último hogar. A sus 50 años de edad venía acompañado de su hermano menor Joaquín, de sus sobrinas, de sus hijas y de la mamá de sus hijas. Segurito habría quejas de algunos lugareños pero eso a él no le afectaba, no sería ni la primera ni la última vez que se pusiera en riesgo por una causa en la que creyera. Además, si había librado a la santa inquisición, el pequeño pueblito de Dolores, no iba a representar un problema. Cuando subió al campanario del templo quedó maravillado con el paisaje y la riqueza de esa tierra.

Él era sacerdote, igual que su hermano mayor, el cual acababa de morir, dejando el templo disponible, y también como su hermano menor que lo ayudaría con las funciones propias del sacerdocio. Era un tema familiar que Don Cristóbal Hidalgo consideraba importante. Miguel, el hijo de en medio estudió filosofía y teología en el Colegio, su pasión por las ideas no lo detuvo ahí, y al aprender francés, “el Zorro”, como le decían en la Universidad, abrió la puerta a los ideales de la ilustración y el libre pensamiento, lecturas prohibidas por la Iglesia Católica. Esto nunca le quitó el sueño, sin embargo era notorio que el cura Hidalgo no era el tradicional padrecito de pueblo.   Su resistencia al celibato y su gusto por las tertulias y el juego no lo hacían muy popular en la Iglesia y los conflictos con esa institución eran constantes. Pero no solo con el clero tenía enfrentamientos.

Los criollos de la Nueva España como él, nacidos de padres españoles en territorio colonizado no tenían las mismas posibilidades que la casta superior de los peninsulares. Había montones de prohibiciones que excluían a cualquiera que no fuera español, de ciertos negocios y productos. Emprendedor social siempre comprometido con los indígenas y los menos favorecidos, buscó constantemente salidas para su pobreza. Él venía de una familia acaudalada y en Dolores tenía tres haciendas, en las que le enseñaba a la gente a cultivar parras para hacer vino, así como gusanos de seda y cerámica, actividades prohibidas de la época.

Miguel Hidalgo siempre se arriesgó, siempre enfrentó las injusticias que sucedían en esa tierra que lo vio nacer y desde su óptica, él sentía la responsabilidad de motivar el cambio. Esa forma de ser lo llevó a muchas crisis al pasar los años y su destino final frente a un batallón de fusilamiento fue simple consecuencia de las acciones heroicas de toda una vida, enmarcadas por un momento histórico, dándole en especial un renovado significado al concepto de “Padre”.

Los héroes como Don Miguel Hidalgo, el “Padre de la Patria” han sido retratados como seres con características extraordinarias que la historia ha colocado en un pedestal, y similar a los dioses griegos solo podemos aspirar a su grandeza más no alcanzarla. Esto no es exclusivo de los mexicanos, pero en especial a nosotros nos gustan las historias de héroes.

El heroísmo es parte de nuestra esencia y cuando observamos con detalle a grandes personajes como Hidalgo, observamos a una persona con grandes virtudes, pero también es importante reconocer su parte humana falible y llena de áreas de oportunidad. Ver así a nuestros héroes, nos permite identificarnos con sus motivos y tal vez, sentirnos capaces de perseguir diariamente nuestras propias ideas, inspirados en los logros de los grandes hombres y mujeres que nos antecedieron. Ser héroes todos los días es posible y no hay que iniciar una revolución para alcanzarlo. Según el renombrado psicólogo de Stanford, Phillip Zamudio, un héroe es aquel qu en una situación que identifica como injusta, arriesga su propia integridad por ayudar y apoyar al indefenso. El niño que se enfrenta contra el bravucón de la clase y defiende a la víctima de bullying, cumple con el mismo actuar heroico del Padre Hidalgo. La experiencia personal forja a una persona siempre dispuesta a ayudar, pero convertirse en un héroe es algo que cualquiera puede aprender. Una de las herramientas más poderosas contra la injusticia está en las manos de la persona que ayuda primero. Está comprobado que entre más gente hay alrededor de una situación de crisis, menos probable es que alguien salga de la multitud dispuesto a ayudar. La magia se presenta cuando alguien da el primer paso, después lo siguen todos los demás.

Los mexicanos tenemos una cultura muy arraigada de heroísmo, y hemos sacado la casta a lo largo de nuestra historia, cuando terremotos, tormentas o injusticias enfrentan a la gran sociedad forjada en tiempos de Hidalgo, donde diferentes castas e ideales siguieron el llamado del Héroe que dio el primer paso al frente, uniéndose en un solo grito. Un primer grito que se gritaría muchas, muchas veces más: ¡Viva México!

Te invito a dar un paso al frente, viviendo siempre dispuestos a defender al desprotegido aunque eso represente un riesgo para nosotros. Si das el primer paso otros te seguirán y todos serán héroes.

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