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El precio de ser competitivo

Son las dos de la mañana y Joaquín está en la sala de emergencias, lleva ahí más de 35 horas sin parar. Cursa el segundo año de prácticas de la especialidad y hay que reconocer que su esfuerzo ha valido la pena. Le gusta su trabajo, le gusta ayudar a las personas. Cuando sea médico especialista podrá relajarse un poco, elegir a quién atender y cuándo hacerlo, cuando exista una emergencia también, por supuesto.

Ha aprendido mucho en sus prácticas. En esta ocasión llegaron varias personas de un accidente en autobús y hubo que movilizarse para atenderlos a todos. Son insuficientes los residentes cuando hay situaciones así. Comienza a sentir que el cuerpo le reclama. No hay tiempo para eso. Hay mucho por hacer. Lo correcto sería descansar pero ya habrá tiempo para eso. Mejor otra pastilla. Sólo ha tomado 6; una cada 6 horas; no es tanto, piensa Joaquín.

Joaquín no está solo cuando la necesidad de mantenerse activo y despierto motiva a tomar alguna de los llamadas “pastillas inteligentes”, las cuales tienen varios años en las farmacias, y que sirven para incrementar la actividad intelectual y la concentración de los que deciden tomarlas.

Esta no es una situación nueva y tampoco es exclusiva de los estudiantes de medicina.

Actualmente son muchos los niños que a partir de los 5 ó 6 años, les recetan medicamentos para el síndrome de hiperactividad y déficit de atención, el cual establece que el niño o adulto tiene incapacidad de concentrarse o ejecutar actividades de manera efectiva. Los medicamentos para esto funcionan y bastante bien. Hay historias de madres felices y orgullosas que a partir de que el médico recetó estos medicamentos, sus hijos hacen la tarea, recogen su habitación y sacan puros 10 en el colegio. Niños y adolescentes bien portados a un alto precio.

En Estados Unidos, los estudios realizados en universidades nos muestran que el 44% de los adolescentes actualmente abusan de este tipo de medicamentos para poder cumplir con las expectativas y la enorme competencia que requieren los estudios universitarios.

La competencia también se ha vuelto encarnizada en varias actividades profesionales que han requerido que deportistas, ingenieros o financieros mantengan su ritmo y energía a través de estos estimulantes cerebrales.

Aparentemente no hay consecuencias en estas pastillas que hoy se han vuelto tan comunes. No se habla mucho sobre esto, es un secreto a voces. Los episodios de depresión o de psicosis son sólo algunos de los posibles efectos adversos de estos medicamentos. Los ataques cardiacos y embolias pueden presentarse también. No a todos les pasa, pero a los que sí, pagan un alto precio por ser productivos.

Estos psico-estimulantes funcionan de diferentes formas, pero el efecto es similar, pues mantienen un nivel de actividad cerebral intensa y constante.

Normalmente nuestro cerebro al trabajar, establece conexiones a nivel de las neuronas, y en cada conexión hay un intercambio de químicos, que generan y estimulan a otras neuronas vecinas. Un elemento clave para que las neuronas se activen es la dopamina, la cual es como la chispa para encender neuronas. Cuando se activa la neurona, se recupera la dopamina y se guarda para la siguiente ocasión. Cuando se utilizan estimulantes externos se mantienen altos los niveles de dopamina, eliminando los momentos de descanso, permitiendo un nivel de actividad muy superior; bloqueando la sensación de cansancio, dolor y hambre en el cuerpo; mientras incrementa el enfoque, la energía y el optimismo.

La sociedad ha entrado en una carrera en la cual la presión por los resultados establece niveles de competencia que no permiten debilidad o descanso. Por otro lado todo a nuestro alrededor parece estar diseñado para atraer nuestra atención y distraernos, lo cual hace muy difícil concentrarse. El déficit de atención parece ser el estado natural de las personas. La necesidad de un equilibrio es urgente.

El término “nootrópico” se utiliza para categorizar varios tipos de sustancias que ayudan a darle un empujón al cerebro e incrementar su capacidad. Las pastillas inteligentes, la cafeína, la nicotina, las anfetaminas, la cocaína e incluso el azúcar; siendo todos estimulantes que influyen directamente en el cerebro, algunos muy adictivos y con consecuencias muy graves en la salud. Cuando se trata del cuerpo no hay que correr riesgos innecesarios. El término es tan amplio que hasta el té verde, las moras azules y las bebidas energéticas son llamados “nootrópicos”.

En este campo a veces llamado “Brain hacking”, hay mucho por aprender pero la realidad es que la única herramienta comprobada que estimula el cerebro de manera saludable es el ejercicio combinado con una alimentación balanceada.

Te invito a que tomes un té verde y medites sobre esto dos minutos más, sin presión, no hay prisa… o ¿sí la hay?

 

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