El Bambino

Los padres de George no estuvieron presentes en la infancia de su hijo. La madre enferma murió cuando el niño tenía siete años. El padre, un poco después perdió la vida en una pelea dentro de un bar, su lugar favorito.

Así el joven George Herman Ruth Jr. quedó huérfano y fue internado en Saint Mary, un lugar especialmente dedicado para niños problema.

De joven masticaba tabaco y tomaba whiskey con tan sólo ocho años de edad. Su incapacidad de estar quieto mucho tiempo lo hizo ganarse fama de busca pleitos y bribón callejero. Hasta que entró al orfanato.
Tal vez fue una de esas situaciones providenciales, el que en esa escuela en especial, carente de todo lujo o prestigio, se utilizara el béisbol para calmar a sus inquietos huéspedes. George Ruth había ingresado a una academia de béisbol.

Desde el principio su complexión atlética le permitió sobresalir en el juego, y para cuando salió del orfanato ya dominaba todas las posiciones del tradicional deporte americano, pero sobre todo el amor por el béisbol había crecido fuerte en el corazón del joven de Baltimore.

El siglo XX comenzaba y la joven nación americana estaba buscando su propia identidad, llena de oportunidades y de retos. Los Estados Unidos no contaban con leyendas del viejo continente para inspirarse por lo que el espacio para héroes se encontraba desocupado y deseoso de llenarse.

En 1915 comenzó gradualmente a construirse la imagen de un héroe originario de la joven nación, con los ideales de la misma bajo el brazo y con la esperanza de construir con su talento una gran leyenda. Este fue el comienzo de la larga carrera del bambino, de Babe Ruth.

Zurdo, con 1.88 de estatura, muy alto para la época, Babe comenzó su carrera con los medias rojas de Boston, donde el dueño del equipo lo recibió a pesar de ser huérfano, situación que en esa época era mal visto e inapropiado para un jugador profesional. De ahí surge su famoso apodo, al convertirse en el “bebé” del dueño del equipo.

Un par de series mundiales después, de las cuales Babe Ruth fue pieza importante para el éxito, el equipo cambió de manos, y fue adquirido por un empresario dedicado principalmente al teatro musical. Justo después de la serie mundial de 1918, el nuevo dueño comenzó a vender jugadores, empezando por Ruth. Si bien era un extraordinario jugador, su carácter y rebeldía lo hacían un jugador poco dócil y difícil de manejar. Así por la cantidad de veinticinco mil dólares, Babe Ruth fue vendido a los Yankees de Nueva York.

Esa fue la última vez que las medias rojas de Boston ganaron una serie mundial en muchos años. Tuvieron que pasar ochenta y cuatro años para que en 2004 se rompiera la llamada “maldición del bambino”.

Para los Yankees la historia fue totalmente distinta. Una de las cosas que hacían grande a Babe Ruth eran los jonrones. En realidad el término Home Run era poco utilizado hasta la llegada de Babe Ruth. En la época en que jugó el bambino cambiaron varias cosas en el béisbol. Las bolas se fabricaron más livianas, y el cambio en algunas reglas hicieron del juego algo más amigable, como el impedir que los jugadores le escupieran a la bola.

Estas condiciones las aprovechó muy bien Ruth, que en cantidad de jonrones superaba él sólo a la gran mayoría de los equipo completos en todo Estados Unidos.

Además de su talento en el campo, la personalidad de Babe Ruth era algo que la gente de los años veinte buscaba. Con gran carisma, y sencillez, el jugador más importante del país, podía sin problema detenerse a platicar con la misma frescura, con alguien en la calle, o con el presidente. Fue el hombre que las mujeres amaban y los hombres admiraban, y a pesar de eso y de ser el jugador mejor pagado de la época, nunca olvidó sus orígenes y la sencillez de sus inicios.

Para un equipo como el de los Yankees, que iba de mal en peor, y que no tenía ningún tipo de posibilidad de llegar a una serie mundial, la compra del bambino fue lo mejor que pudo pasarles. En cuanto Ruth llegó a su nuevo hogar, los triunfos comenzaron a acumularse. Era tanta la gente que buscaba asistir a un juego de béisbol con Babe Ruth, que fue necesario construir un nuevo estadio donde cupieran todos los aficionados del equipo, especialmente de su número tres, Babe Ruth. Los Yankees le deben mucho al bambino, incluyendo el emblemático estadio de los Yankees en New York.

Durante esta época de triunfos, en la cumbre de su carrera, ocurrió algo que en lugar de afectar la fama y carrera del beisbolista, lo llevó a una categoría de ídolo. La gran depresión. La gran fiesta que representaron los años veinte llegó a su fin con una dura carga de realidad para casi todos los norteamericanos, excepto para el bambino. Siendo el mejor pagado del país, su sueldo se comparaba con el del mismo presidente, y la cercanía con la gente lo mantenía siempre ayudando. La gente veía en Babe Ruth la esperanza de recuperar los años buenos, la posibilidad de reconstruir América.

Han pasado ya muchos años desde 1935. Este fue el último año en que la estrella del Béisbol, Babe Ruth logró batear un Home Run, para después retirarse de su amado juego.

A pesar del tiempo y de los grandes jugadores que vinieron después de él, es difícil borrar la huella que dejó en ese deporte. El cariño que recibe Babe Ruth incluso de generaciones de personas que nunca lo vieron jugar, refleja la grandeza del deportista y de la persona, que era capaz de señalar al cielo y predecir hacia donde iba a mandar la bola, en su siguiente Home Run.

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