Cuadro por Cuadro

Ray tenía 13 años cuando salía del cine con profundo asombro y una insostenible curiosidad. Necesitaba saber cómo era posible hacer una película como esa. En ese momento no sabía que lo que había visto cambiaría su vida y la de muchos más.

La película que Ray Harryhausen vio fue King Kong. La primera, la versión de 1933. King Kong, que originalmente se iba a llamar la octava maravilla, fue un éxito en taquilla sobre todo por el impacto que generó en el público al ver un gorila gigante aparecer por primera vez en la entonces plateada pantalla del cine.

Nunca había pasado algo así, no había una persona disfrazada, sólo un enorme gorila actuando y expresando emociones en blanco y negro.

La técnica que se utilizó y que en esa época era todo un secreto se llama Stop Motion, o en español cuadro por cuadro. En esta técnica se utilizan esculturas articuladas llenas de detalles, que se someten a un exhaustivo y complejo procedimiento.

Basado en el fenómeno llamado persistencia de la visión, en el cual nuestro cerebro retiene por una pequeña fracción de tiempo la imagen recibida por el ojo, y de esta forma puede entretejer las imágenes presentándolas como movimiento continuo. Así funciona el ojo y así también funciona el cine.

Una por una, hasta llegar a veinticuatro, se van integrando las imágenes fijas que proyectadas en un segundo nos dan la sensación de movimiento y la película se manifiesta frente a nosotros.

El stop motion utiliza esta técnica pero en vez de guardar imágenes en movimiento, simula el movimiento sacando fotografías fijas, mientras el animador va haciendo pequeños movimientos en las pequeñas esculturas para cada uno de los veinticuatro cuadros de cada segundo de película.

Si en realidad el trabajo necesario para construir esto es muy desgastante, los resultados son asombrosos. O por lo menos lo eran en los años treinta.

King Kong fue responsabilidad del animador Willis O’Brien el cual tomó la técnica de stop motion creada a principios del siglo XX y la llevó al cine mejorándola considerablemente. Su primer largometraje fue The Lost World en 1925 siendo un gran éxito en taquilla.

Años después O´Brien conocería al joven Ray Harryhausen y lo adoptaría como su discípulo, trabajando con él en la película que, si bien no le fue tan bien en taquilla como con King Kong, superaría a esta en lo técnico, ganando un Oscar por efectos especiales por la película Mighty Joe Young en 1949.

Harryhausen pronto se convirtió en un icono en lo que a efectos especiales se refiere inspirando a muchos de los actuales realizadores de cine. Sus primeras películas en blanco y negro fueron pioneras de todas las películas donde salen monstruos o extraterrestres destruyendo ciudades, incluso la famosa Godzilla japonesa está inspirada en una de sus primeras películas, “el monstruo de tiempos remotos” de 1953.

Sus películas  “Jasón y los Argonautas” de 1963, “El viaje fantástico de Simbad” de 1974 y “Furia de Titanes” de 1981 hoy son clásicos de la animación que reflejan el enorme talento que manifestaba cuadro por cuadro. Adicionalmente Ray personalmente diseñaba los personajes siendo un extraordinario dibujante y escultor.

Después de “Furia de Titanes”, donde le dio vida a una extraordinaria medusa de ojos brillantes, decidió retirarse, ya que el cine según su opinión estaba cambiando a personajes más violentos como el monstruo en “Alien” y a tecnologías nuevas que no le agradaban como los inicios de la animación digital en “Tron”.

De manos de su amigo y escritor de ciencia ficción Ray Bradbury, recibió el Oscar honorario por los logros de su carrera en 2005.

Phil Tippet vio en televisión el King Kong  de O´Brien pero influyó de la misma forma como a Harryhausen años antes.  También cayó en el embrujo del stop motion cuando vio “Jason y los Argonautas” en el cine. Phil Tippet tomaba la estafeta de los grandes animadores de stop motion.

Tippet es famoso por ser de los pioneros que formaron Industrial Light and Magic de George Lucas, comenzando con un proyecto que se volvería motivo de culto para muchos en una galaxia muy muy lejana, Star Wars de 1977.

Tippet tenía el trabajo de darle vida a la cantina intergaláctica que había sido concebida en la mente de Lucas y en los conceptos gráficos de Ralph McQuarrie, así como al tablero de ajedrez holográfico donde R2-D2 deja ganar a un enojado Chewbacca para que no lo rompa en pedazos.

Después de una meteórica carrera, Tippet se encontró en peligro de extinción, justo con la película que redefinió los estándares de efectos especiales en el cine, Jurassic Park.

Cuando Spielberg le encargó que trabajará con los dinosaurios de su película, Tippet hizo como siempre un trabajo profesional y cuidadoso, pero al compararlo con lo que otra área de ILM estaba trabajando con las gráficas por computadora, Phil Tippet no tuvo más remedio que dejar el paso a los dinosaurios digitales. Su trabajo continuó pues los jóvenes ingenieros que crearon los dinosaurios en la computadora no tenían experiencia en el cine, y por lo mismo no sabían cómo montar una escena o generar el impacto deseado, así que Tippet los llevó de la mano con su stop motion sirviendo de story board para sus sucesores. Una gran depresión llevó a Phil Tippet a salir del cine al comprender que todo lo que sabía hacer ya no tenía valor, afortunadamente ha vuelto a resurgir con proyectos independientes como “Mad God”, el cual ha fondeado mediante crowdfunding, y ha demostrado que el arte de O´Brien, Harryhausen y Tippet aún sigue vivo y se mueve, Como los esqueletos guerreros de Harryhausen.

Se requiere una vida para construir el éxito, y los cambios solo necesitan un instante para presentarnos nuevas oportunidades, lo verdaderamente valioso es nuestra voluntad por cambiar y adaptarnos, aceptando nuestra realidad y enfrentar lo que la vida nos presente un cuadro a la vez.

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