Blog de Educación, Innovación y Tecnología
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Cortar y Pegar

Emmanuelle comenzaba a sudar, pero su sudor no tenía tanto que ver con el caluroso clima de Puerto Rico, el cual disfrutaba después de tantos años viviendo en Suecia y Alemania. Su sudor era ocasionado por el breve pero intenso ataque de nerviosismo que sentía, justo antes de dar el paso que había decidido podría cambiar el rumbo de su investigación. Emmanuelle Charpentier se dedicaba a la ciencia, específicamente a la bioquímica, y como investigadora novata era todo un privilegio conocer a algún científico reconocido en su disciplina, además pensar en hacerle una propuesta para colaborar en una investigación, bueno, era un sueño para ella. Muchas dudas cruzaron su mente antes de acercarse, pero a pesar de su emoción, Emmanuelle siempre había sido de esas personas con la suficiente confianza en sí misma como para “aventarse” a hacer las cosas sin pensar en el fracaso.

Jennifer Doudna, asistía a un congreso de microbiología en San Juan, Puerto Rico, cuando conoció a Emmanuelle, una chica llena de intensidad y con el entusiasmo que solo se demuestra por alguien que siente pasión por su trabajo. Ese fue uno de los muchos puntos que encontraron en común Jennifer y Emmanuelle. A diferencia de ella, que era más bien de una personalidad analítica y observadora, Emmanuelle era algo dispersa y acelerada, sin embargo su personalidad agradable y el entusiasmo ganaron el interés de Jennifer y comenzaron a platicar. Ambas eran grandes conversadoras y así comenzó una caminata por las azuladas calles del viejo San Juan que sería larga y productiva para ambas.

Jennifer había llegado lejos en su carrera científica, habiendo obtenido varios reconocimientos por su trabajo de investigación, además estaba a cargo de un enorme laboratorio en la Universidad de Berkley en California. Realmente fue gracias a la inspiración de un maestro de química, de esos que logran sacar lo emocionante de las ciencias, que la llevo a estudiar la especialidad de química en la universidad. Particularmente este tema le costó mucho trabajo, pero eso no la detuvo, simplemente debió esforzarse mucho para sacar sus clases adelante. Hubo un tiempo que pensó en cambiarse y estudiar una licenciatura en francés, pero afortunadamente su profesor de francés resultó ser otra buena influencia para Jennifer y se mantuvo en el rumbo.

La larga caminata por San Juan dio como resultado un avance científico que ha estado nominado al premio Nobel en dos ocasiones, y que promete grandes cambios para la humanidad.

La tecnología CRISPR/Cas9 desarrollada en conjunto por el equipo de Doudna y Charpentier tiene un nombre complejo pero su funcionamiento es relativamente sencillo. Esta tecnología es el equivalente a unas tijeras para cortar DNA, la larga tira de información que define como funciona cada célula de todos los seres vivos, y es tan fácil y rápida de utilizar como cortar y pegar en un documento de texto. Para los expertos en genética, editar el DNA con precisión nunca había sido tan sencillo, aunque desde los años 70 se comenzó a trabajar en el DNA.

Si bien ha existido mucho alboroto por esta nueva tecnología y lo que se podría lograr con ella, todavía estamos un poco lejos para ver alteraciones genéticas de las benéficas y de las cuestionables.

En un futuro muy cercano, podremos ser testigos de ataques frontales a enfermedades como el cáncer o la malaria, eliminar el síndrome de Dawn, diseñar biocombustibles y superalimentos, hacer realidad transplantes de órganos provenientes de cerdos y la lista sigue y sigue.

Afortunadamente los científicos relacionados con esta rama de la ciencia han llegado a un acuerdo mundial para no experimentar en humanos hasta que se compruebe que es completamente seguro, dentro de un marco ético aceptable para todos, y aunque China, sí está realizando edición genética en embriones humanos, los riesgos se disminuyen al estar la mayoría de acuerdo en los posibles peligros de esta novedosa herramienta genética.

La posibilidad de elegir el color de ojos de nuestros hijos, o incluso de nosotros mismos sería posible actualmente, si no fuera porque todavía no sabemos cuáles son los genes que hay que cambiar, por lo que todavía hay mucho que hacer.

Una tecnología tan poderosa, trae consigo varias preguntas que como personas debemos contemplar. Nadie argumenta el beneficio de curar una ceguera, como hace poco lograron un grupo de científicos, incluida una mexicana, en ratones adultos. Pero, ¿Si pudieras cambiar de color tus ojos, realmente te haría más feliz? La satisfacción obtenida del exterior, no es realmente felicidad, y si entendemos que esta nace de nuestro interior, podremos identificar con claridad que cambios genéticos serían valiosos para nosotros y cuáles no, y no pensar equivocadamente que cambiar de esencia como si fuera una camisa, nos haría realmente más felices.

La genética es una rama de la ciencia muy poderosa y una útil herramienta que nos traerá enormes beneficios, pero no sustituye la necesidad de una aceptación profunda de quienes somos, y es que aunque podamos cortar y pegar genes, seguramente no encontraremos genes para la confianza, el amor o la felicidad.

Es tiempo de valorar todas las imperfecciones que te hacen humano, único e irrepetible, y con esta actitud, lo que la ciencia nos aporte, será solo para mejorar.

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