Caricaturas de la tarde

Comenzar un negocio propio no siempre tiene que ver con la iniciativa. Cuando las condiciones cambiaron para William y Joseph, la actitud fue lo que los llevó a ver una oportunidad más allá del momento que vivían. Cuando trabajaban para la Metro Goldwin Mayer, los dibujos animados solo llegaban a las personas a través del cine. El gran Walt Disney era el líder a vencer, y la MGM y otros estudios como Warner Brothers intentaban quitarle el liderazgo en la animación.

William Hanna y Joseph Barbera trabajaban para la Metro cuando crearon a los primeros personajes que le darían el primer Oscar por animación a otro estudio que no fuera el de Disney.

Era el año 1943 cuando un gato y un ratón comenzaban una carrera de muchos años. Tom y Jerry habían comenzado a perseguirse. Justo después de ese gran logro, los estudios comprendieron que algo estaba cambiando, el cine ya no era la fuente de entretenimiento principal, la televisión había llegado y pensaba quedarse con el favor del público por décadas. Para los grandes estudios del momento, no había forma de competir con Disney y además ganar dinero haciendo animación.

La decisión de los estudios fue radical y despidió a todos. Tan poco les interesaba continuar que en el caso de Tom y Jerry, dieron permiso de utilizarlos a cualquiera que les pidió los derechos, incluido el famoso Chuck Jones que para esa época también había iniciado su propio estudio. Y empujados por las circunstancias Hanna y Barbera encontraron la forma de comenzar su propio estudio de animación, con muy pocos recursos.

Lo primero que hicieron fue rescatar a algunos de los animadores y escritores de la MGM, y buscaron la forma de conseguir trabajo. Cuando una producción en la Metro costaba alrededor de cuarenta mil dólares, en los nuevos estudios HB, el presupuesto era de tan solo dos mil setecientos dólares, por lo que era necesario un cambio de paradigma urgente.

Como mencioné anteriormente, la televisión comenzaba su reinado y decidieron hacer animación más económica para que pudiera salir en el horario más accesible, las mañanas del sábado. Así nació uno de los espacios más agradables de la niñez de muchos. Al no poder utilizar a Tom y Jerry, comenzaron a producir una serie de pocos episodios que eran protagonizados por un perro y un gato.

Después de un tiempo de trabajar en anuncios publicitarios y probando con personajes surgió el primer éxito para el pequeño estudio, naciendo el show de Huckleberry Hound, donde un perro de color azul tenia invitados especiales con pequeñas participaciones, siendo uno de ellos el oso Yogi.

Así comenzó una larga cadena de personajes exitosos que llenaron la televisión para los niños de la época. Muchos de nuestros programas favoritos fueron creados por el espíritu creativo de Bill y Joe.

Personajes como Huckleberry Hound, el oso Yogi y Tiro Loco McGraw llenaban el espacio en televisión dedicado para los niños con gran impacto, pero Hanna y Barbera buscaban más. Tenían pensado llegar al espacio televisivo más costoso y donde el nivel de audiencia era el más alto, el llamado Prime Time. Y así, con una idea que llevaban masticando desde antes de Tom y Jerry, surge una de las series animadas más importantes de la televisión. La historia cotidiana de una familia tradicional de los años sesenta, pero ambientada en la edad de piedra. Así, con patrocinadores como los cigarrillos Winston, surge la serie en blanco y negro que hasta hace unos años cumplía con el record de una animación con mayor tiempo en horario estelar hasta que llegaron los Simpson en 1990.

A través de un humor que atraía a chicos y a grandes, los Picapiedra mantuvieron su reinado por seis años. Pronto llegaron otras opciones de Hanna- Barbera listas para el horario estelar como los Supersónicos y Don Gato, sin llegar a tener el impacto que logró la comunidad de Piedradura.

Aunque la historia del estudio fue exitosa por décadas, tuvo momentos que afectaron el rumbo del mismo.

En la época de los ochenta Hanna y Barbera se vieron obligados a vender el estudio, ya que había incrementado la competencia y ya no eran los dueños del tiempo de caricaturas. Personajes como He-Man y los Thundercats comenzaron a mermar el tiempo que antes era exclusivo para Hanna- Barbera.

Después de personajes emblemáticos como Scooby-Doo, Jhonny Quest y los superamigos, el último gran éxito que pudieron contemplar como estudio independiente fue el programa de los Pitufos, personajes importados de Europa con gran éxito.

El estudio fue comprado por Turner, y esto significó una nueva casa y una familia más grande y actualizada. Turner le brindó a las creaciones de Hanna y Barbera un canal exclusivo llamado Cartoon Network. Este cambio permitió la llegada de nuevos escritores y animadores que lograron agregar personajes frescos y actuales.

El laboratorio de Dexter, La vaca y el pollito, las chicas superpoderosas y Jhonny Bravo son solo algunos de los exitosos programas que continuaron el legado de los animadores que conquistaron el televisor.

Unos años después, Turner se fusionó con Warner Brothers y al momento de la muerte de William Hanna en 2001, el estudio dejó de utilizar la marca Hanna- Barbera, excepto en los casos de personajes clásicos. A partir de ese momento los estudios Warner y los Hanna-Barbera se volvían uno mismo. Barbera murió 5 años después de su amigo, pero ambos dejaron un legado incuestionable, sobre todo para los que de niños que después de terminar la tarea encendíamos el televisor y disfrutábamos una vez más la repetición donde Scooby-Doo resolvía el misterio, o donde Pedro Picapiedra y su amigo Pablo Mármol se metían en problemas. La televisión nunca fue tan divertida cómo aquellas tardes de caricaturas.

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