Bicho Zombie

Alexander cometió un error desafortunado…

Mientras hacía su ronda por las calles de Oxford, caminaba despreocupadamente cuando se enfrentó a una de las múltiples situaciones que podían arriesgar la vida de un policía inglés en 1940.

Se tropezó de forma tal, que cayó torpemente sobre una jardinera llena de rosales espinosos. La muerte se anunció con un suave aroma de rosas para el policía Albert Alexander.

Uno podría preguntarse cómo era posible que alguien muriera por caer sobre un rosal.

Seguramente sería doloroso sentir las espinas, tal vez un buen golpe y el posterior moretón acompañarían al sujeto algunos días llevando la herida más dolorosa en su ego por la vergüenza de haberse caído. Desafortunadamente el oficial Alexander selló su destino con un rasguño en la mejilla.

Años antes en Londres, otro Alexander cometió un error que resultó ser afortunado. Al regresar a su trabajo en el hospital St. Mary después de sus vacaciones en el verano de 1928, Alexander Fleming fue recibido por un huésped inesperado en su laboratorio.

En una placa de Petri, vivía tranquilamente una bacteria llamada Staphylococcus Aureus, la cual aparentemente tenía un invitado en su hogar. Un moho compartía el aislado mundo de uno de los más peligrosos asesinos de la historia. Esta bacteria junto con otros gérmenes similares había sido responsable de la muerte de millones de personas durante años, sin nada que la detuviera. Hasta que Alexander Fleming descubrió accidentalmente que el moho visitante estaba combatiendo a la bacteria.  Alexander adoptó al moho, lo domesticó y lo llamó penicilina.

Cuando el oficial Alexander se rasguño la cara con la espina del rosal, cometió el fatal error de rascarse la cara, permitiendo que las bacterias Staphylococcus y Streptococcus invadieran su herida. En unos días la infección había avanzado tanto que el policía había perdido su ojo y estaba en un gran riesgo de morir.

Un par de médicos, Florey y Chain habían experimentado en ratones con la penicilina de Fleming con mucho éxito y sólo necesitaban un candidato humano que se arriesgara a probar el tratamiento experimental.

El oficial Alexander se convirtió así en la primera persona que probó la penicilina para combatir las bacterias que lo estaban matando. No fue una batalla que ganaría Albert Alexander, pues no alcanzó la penicilina producida para combatir la avanzada infección. Pero gracias al experimento, millones de personas han sido capaces de sobrevivir sin problema los ataques de gérmenes, que en otros tiempos causaban epidemias que mataban a miles de personas.

Al recibir su premio Nobel en 1945, Sir Alexander Fleming, advirtió al mundo que debíamos ser cuidadosos con la penicilina, el primer antibiótico, y no hacer mal uso, pues las bacterias podían defenderse del ataque y evolucionar, siendo imposible combatirlas de nuevo. El mundo no escuchó.

Hoy la humanidad está enfrentando distintas amenazas, pero tal vez la más silenciosa sea la que nos advirtieron hace casi 75 años.

Vemos películas donde epidemias acaban con la humanidad, y en muchas ocasiones, el peligro se nos presenta de forma muy llamativa, desde pintorescos síntomas que nos impiden ver como en “Birdbox” hasta zombies come cerebros como en “Resident evil”. La amenaza real puede ser mucho menos llamativa, pero igual de peligrosa.

Actualmente hay un hongo llamado Candida Auris que está matando personas en lugares tan alejados como New York, Londres, Venezuela y Corea. Este es un hongo altamente contagioso y no existe cura hasta el momento. Al estilo de un zombie, el hongo es capaz de matar a su huésped y mantenerse con vida, para seguir contagiando, igual que en una película pero a nivel microscópico.

de correr al mercado por comida y encerrarnos en nuestras casas para sobrevivir, entendamos que el riesgo puede evitarse, un poco. Muchos de estos gérmenes aprovechan las bajas defensas del cuerpo para atacar, y por eso hay que mantenernos lo más saludables posible.

Es importante evitar situaciones que provoquen infecciones, como comer con las manos sucias o en lugares con poca higiene. Si por alguna razón contraes una infección es importante que termines el tratamiento completo y jamás tomes antibiótico sin que un médico lo recete.

Cada vez que atacamos a una bacteria con antibiótico, el bicho trata de sobrevivir el medicamento y si no logramos derrotarlo se hace más fuerte y pronto el antibiótico no va a hacerle daño. Así, entre todos vamos fortaleciendo a las bacterias, hongos y otros gérmenes convirtiéndolos en lo que algunos llaman “súper-bichos”.

Varios países comienzan a tomar acciones contra el uso indiscriminado de antibióticos en el tratamiento de enfermedades y en la producción de los alimentos.

Vivimos en un mundo poblado por todo tipo de bichos que nos superan en número y que conviven con nosotros en todo lugar y en todo momento. Sin antibióticos y el tipo de tecnología que nos proteja de estas enfermedades, es posible que en los próximos años vivamos epidemias como las que atacaron a las civilizaciones del pasado, con la desventaja de que en esta ocasión hemos entrenado a las bacterias, haciéndolas más fuertes y agresivas.

Depende de nosotros evitar que los bichos nos derroten, finalmente no es la primera vez que les ganamos la partida y mientras nos preparamos para la batalla, tengamos cuidado con los rosales.

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