Amapola Roja

 

Nicholas recibía en su corazón y en su mente el equivalente a un relámpago devastador. Sensible y tímido, el joven de 22 años recibía la primavera de 1890 con un inesperado flechazo de amor. Matilda.

 

Nicholas Romanov, hijo de Alexander III, Zar de Rusia, sería el futuro gobernante del imperio ruso, y trágicamente el último.

 

Nicholas II pasaría a la historia con muchos nombres, desde Nicholas el sangriento, acuñado por sus enemigos, hasta el de San Nicholas el portador de la pasión, por la Iglesia ortodoxa rusa. Sería el último zar de Rusia, sacrificando su vida y la de su familia, dejando el paso a un nuevo régimen en el mundo, los soviéticos. Pero al momento de conocer a Matilda sólo era Nicholas.

 

Matilda Kshesinskaya era una joven bailarina de ballet, parte de la famosa escuela imperial de ballet de san Petersburgo. Su escuela, financiada por el imperio, era la más antigua  en Rusia. Fundada en 1740 y hasta la fecha conocida con el nombre  de Mariinsky Ballet, representa junto con la compañía del Bolshoi, la aportación de Rusia a lo mejor del ballet mundial.

 

Y el ballet es de lo poco que sobrevivió con la llegada de los soviéticos al poder. El ballet surge en Francia en la época del renacimiento y se vuelve muy popular en Rusia al poco tiempo. Cuando la opera era el principal entretenimiento de la gente en Europa occidental, el ballet había cautivado a Europa oriental, convirtiéndose en un estandarte cultural y posteriormente nacional. Si bien el ballet era un símbolo inequívoco de la aristocracia rusa, la unión soviética aprovechó la fama que ya tenían sus compañías de ballet para representar la nueva causa de los comunistas.

 

Tratando de desenterrar la gloria de obras como el lago de los cisnes durante el Imperio, en 1927 nace una historia de amor llena de propaganda llamada la amapola roja. Más allá del objetivo comunista, la historia trata de un amor entre dos personas que no pueden estar juntos, como un Romeo y Julieta actualizados; donde ella, una campesina china le entrega una amapola roja como símbolo de amor a su amado, un capitán de barco que trata de ayudar a los pobres.

 

Años antes, la fallida historia de amor, fue representada en la realidad por el futuro Zar, Nicholas y su amada, la bailarina de ballet Matilda. Como la tradición indicaba, cualquiera que fuera a ser gobernante del imperio Ruso, debería conocer mujeres de la aristocracia rusa, antes de contraer matrimonio y forjar alguna alianza con otros gobiernos. Por esta razón el padre de Nicholas, Alexander le presentó a Matilda. Después de conocerse, ella partía un año al Este con la compañía de Ballet, eso provocó en Nicholas un intenso deseo por tenerla cerca.

 

El romance continuó, y según los diarios que sobreviven de Nicholas, el amor consumía al joven príncipe y no había nada que pudiera ser de mayor importancia para él en aquellos años de juventud. Por esos mismos documentos; sus diarios personales, podemos identificar en Nicholas un joven sensible y humano, lleno de pasión y comprometido con su pueblo y con ciertos ideales que, en el futuro trató de implementar.

 

Varias de sus decisiones llevaron a la Rusia imperial hacia el camino de la democracia, creando un Parlamento, que si bien no tenía mucho poder, comenzaba ese trayecto de la monarquía a otra cosa. Su involucramiento en la Primera Guerra Mundial por lealtad a los Serbios, dañó muchísimo a su tradicional ejército, que no estaba a la altura del alemán, tecnológicamente hablando. Con un ejército débil, no tuvo más remedio que abdicar en 1917 cuando Lenin tomó el poder y cambió el rumbo de lo que Nicholas deseaba para su Rusia.

 

El romance de Matilda y Nicholas terminó cuando este fue comprometido con Alix de Hesse, Alexandra, para contraer matrimonio y continuar la dinastía Romanov en el poder.

 

En una de sus páginas, Nicholas comenta como le parecía increíble que un corazón fuera capaz de amar a dos personas con tanta fuerza y pasión, entendiendo que para el joven zar no fue fácil transitar entre el llamado de su corazón y el llamado de su destino.

 

Matilda continuó con su vida después de que Nicholas se casará. Continuó bailando y llegó a amasar una gran fortuna, además de ser pareja de un par de aristócratas antes de la revolución. Cuando bailaba, le gustaba usar sus joyas, que cuentan, eran extraordinarias y regalos de amores pasados.

 

Al triunfar la revolución, fue despojada de sus propiedades y huyó a Francia, donde continuó su carrera por un tiempo y donde murió en 1971.

 

El destino de Nicholas fue inmediato al abdicar al trono. Él y su familia fueron encarcelados y ejecutados, incluso sus hijas pequeñas, exterminando la familia que gobernó Rusia por siglos.

 

Sus restos fueron clandestinamente exhumados, y en 1981 la Iglesia Ortodoxa Rusa, declaró mártires a los Romanov.

 

El amor de Nicholas y Matilda fue efímero, intenso y destinado a terminar casi desde su comienzo, sin embargo Matilda fue como esa amapola roja, un último recuerdo de su mundo, un bello y elegante representante de la Rusia de los Zares.

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