La mágica experiencia interior

 

Andy era un tipo brillante, no cualquiera tenía en su tarjeta de presentación el título de “Mago del Software” y menos para la empresa donde trabajaba; pero para este proyecto, era indispensable hacer magia para hacerlo realidad. El nuevo proyecto del jefe requería un mago y por eso Andy Hertzfeld fue y pidió ser parte de ese equipo. Bud, el responsable del proyecto “Macintosh”, ya conocía su talento y fue fácil convencer a Steve de que Andy era de la categoría de los “iluminados”. Bud conocía bien lo que Steve necesitaba; necesitaba magos. Steve Jobs estaba obsesionado con un nuevo proyecto, que según decía, cambiaría para siempre el rol de las computadoras en el mundo. Ya había logrado que la computadora creada en su cochera lo hiciera un hombre rico y que su compañía (Apple Computer) se posicionara como un retador con potencial, frente a los grandes líderes de la industria de la computación de los años 80; Xerox, Digital y la poderosa IBM.

Pero para Steve esto era el comienzo. La nueva Macintosh era realmente una computadora imposible para la época. Su interfaz gráfica; una representación de un escritorio con carpetas, pequeñas hojas de papel y hasta un cesto de basura, no tenía comparación con las computadoras que IBM vendía donde lo más llamativo era un solitario rectángulo parpadeante de color verde, rodeado de texto aburrido sobre un eterno fondo negro.

Steve iba por algo grandioso como siempre y necesitaba que su equipo de magos fuera capaz de crear la magia necesaria para cambiar al mundo.

Nuestra capacidad de hacer magia depende de lo que creemos que somos capaces de hacer; si somos capaces de convencernos de algo con suficiente fuerza, podemos alcanzar metas muy por afuera de nuestra zona de confort. Pero cambiar la realidad necesita otro elemento adicional y es el involucramiento apasionado hacia la tarea.

Y cuando se trataba de pasión Steve Jobs era un experto. Un día Andy llegó a reunirse con su equipo de desarrollo con una cara larga y una mirada de desconcierto. Acababa de tener una junta donde él y su jefe, Bud Tribble coincidían en haber sido atrapados por lo que Tribble había bautizado como el “Campo de distorsión de la realidad” de Steve. No había otra explicación para lo que se comprometieron a lograr en esa junta con Steve Jobs. Acaban de adelantar su meta de entrega del proyecto, muchos meses, dejando una tarea que antes era improbable, en un único resultado: Imposible.

Andy Hertzfeld ya había escuchado acerca de este súper poder de Steve, pero creyó que era una exageración por parte de su jefe, hasta que salió de esa reunión sin saber que había sucedido. Era hipnótico.

El campo de distorsión de la realidad de Steve era una mezcla de discurso carismático, una voluntad indomable y la terquedad de moldear cualquier cosa para que embone dentro de su objetivo propuesto. Una vez atrapado, el efecto duraba poco tiempo, pero suficiente para unirte a la locura y comprometer un pedazo de cielo por el proyecto.

Lo interesante que descubrió Andy es que una vez comprometidos, lo imposible mágicamente comenzaba a convertirse en probable.

Mihaly Csikszentmihalyi es el Psicólogo que en 1990 le puso nombre a una realidad de las personas, existente desde el inicio de la humanidad. El estado de flujo.

Cuando uno entra en este estado mental suceden cosas mágicas en nuestro interior. Si alguna vez has notado que las horas pasan volando mientras lees un buen libro, y de repente ya es de noche, o mientras estas trabajando en algún proyecto que realmente disfrutas, o haciendo ese deporte que tanto amas, seguramente has vivido el estado de flujo.

Cuando uno fluye, la realidad interior cambia y somos capaces de enfocarnos al máximo y lograr imposibles. Cambia nuestra forma de ver el tiempo, te olvidas de ti mismo y no existen emociones presentes cuando estás fluyendo, el enfoque y la atención están perfectamente alineadas al momento presente.

Para que el flujo se logre deben cumplirse algunas condiciones, dos importantes son enfocarse a metas, y el saberse capaz de alcanzarlas. Si algo o alguien te convencieran que eres capaz de lograr una meta imposible, y entras en estado de flujo, es casi un hecho que lo lograrás.

Sin saberlo, Steve Jobs utilizaba el flujo para lograr que él y sus equipos lograran lo imposible una y otra vez, y lo mejor de todo es que todos tenemos esta habilidad al alcance de nuestra mente, sin la necesidad de un líder carismático que nos presione.

1984 fue el año en que el mundo vio por primera vez a la computadora Macintosh, la máquina imposible que cambió al mundo. Era perfecta. Andy Hertzfeld casi en estado comatoso fue a ver a Steve días antes del evento de presentación para corregir pequeños detalles de la mágica e imposible maravilla que habían construido con mucho esfuerzo y pasión. Al final, después de tanto sufrimiento, para Andy y las otras víctimas del campo de distorsión de la realidad de Steve Jobs, solo un sentimiento llenaba sus corazones, pura e intensa felicidad.

Te invito a que encuentres tu zona de flujo, donde el tiempo vuela y te sientes listo y pleno para tus metas, donde nada es imposible, donde más que sentirte como pez en el agua, sientes que eres un pez capaz de volar.

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