La abundancia y la escasez

 

El valor que le otorgamos a las cosas siempre ha sido algo subjetivo; sujeto a nuestra percepción. Cualquier objeto es más valioso cuando existe la idea de que hay poco del mismo. Esta no debería ser la situación correcta, pues el bien debe ser valioso por su funcionalidad o por los beneficios que nos puede proporcionar para nuestra vida diaria. Un ejemplo clásico de un bien valioso por su escasez es el oro y la plata. Si bien son metales con características estéticas muy apreciadas, más allá de ser útiles para diseñar joyería, a través de la historia de la humanidad, su valor ha dependido de su limitada accesibilidad. En la actualidad estos dos metales se pueden utilizar para muchas otras funciones por su nivel de maleabilidad y conductividad, pero finalmente su valor está planteado por la limitada oferta existente.

Casos mucho más comunes y deliberadamente provocados son los realizados por proveedores de servicios y productos en la actualidad. Aprovechando nuestra necesidad de supervivencia, profundamente arraigada en nuestro cerebro, nos convertimos en víctimas de la escasez premeditada, diseñada para disparar en nosotros la necesidad de aprovechar la oportunidad que nos ofrece una “venta nocturna”, o la preventa de los boletos para mi concierto favorito, o el partido de futbol.

No debemos engañarnos en pensar que somos ajenos a este tipo de estrategia de mercado, pues es un mecanismo que junto con la gratificación inmediata y la obsolescencia programada han modificado nuestros hábitos de consumo de forma considerable.

Y todo tiene que ver con estados emocionales, ya que la emoción es el sistema de alerta de nuestro cerebro para atender alguna necesidad básica. En este caso la necesidad de sobrevivir y de alcanzar el bocado son fundamentales. Lo curioso es que en esta época lo que más sobra es el alimento, por lo menos para aquel que tenga para pagarlo. Esto va a cambiar pronto, pues los recursos naturales realmente indispensables para nuestra supervivencia están comenzando a ser limitados, y es totalmente irónico, que por un lado empresas de comida rápida desechen toneladas de comida al día, y por el otro la brecha entre los que pueden comer tres comidas diarias y los que no, es cada vez mayor.

La abundancia y la escasez son los motores de los mercados y del comercio desde los inicios de la humanidad, el equilibrio de la oferta y la demanda se logra de una forma casi poética, sin embargo debemos reconocer que cuando el valor de algo es intrínseco, es parte fundamental del bien, como el alimento o el agua, o es algún objeto o servicio diseñado para que lo deseemos y corramos a comprarlo sin pensar, que lo realmente valioso puede quedarse atrás.

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