Fibras sensibles

 

Ernst viajaba por Austria con su jefe, James. Estaban visitando unos molinos para hacer papel, cuando descubrieron una idea que sin saberlo en ese momento cambiaría al mundo sólo un poco. En algo muy básico pero indispensable, el mundo sería distinto. Su compañía era propietaria de grandes innovaciones, rompiendo paradigmas uno tras otro, y siendo el comienzo de un nuevo siglo era lo que las grandes compañías como Kimberly-Clark estaban acostumbradas.

Era 1914 y Ernst Mahler, jefe de investigación y desarrollo y su jefe James Kimberly, vicepresidente de la compañía descubrieron una fibra de celulosa que podía sustituir al algodón, era ligero, resistente y se podía fabricar de manera muy económica. También tenía una característica que cambiaría al mundo en los años por venir. Era desechable.

En la época de la primera guerra mundial el algodón era un producto escaso y muy necesario. Cuando terminaron de desarrollar el producto lo llamaron “Cellucotton”. Antes del Cellucotton había ya un producto desechable indispensable para la sociedad del naciente siglo XX, y también era propiedad de la misma compañía, el papel de baño. Esté ya con 25 años de existencia era parte cotidiana en la vida de las personas y lo daban por sentado. La innovación que vino de la mano con el Cellucotton ayudó para muchas cosas. El primer proyecto que se le ocurrió a Ernst fue usarlo para la guerra, y al final lo hizo pero de una forma totalmente distinta a la que pensó originalmente.

Comenzó proponiendo al Cellucotton como filtro para las máscaras de gas, lo cual ayudaría a proteger a los soldados y generaría negocios. Pero no funcionó tan bien como esperaba. En una visita a Europa se le ocurrió otro uso para el Cellucotton, que transformaría la vida de las mujeres para siempre. Mientras visitaba un hospital militar, Mahler descubrió que las enfermeras utilizaban el vendaje de algodón en sus días de periodo menstrual, y eso le dio una nueva idea para el Cellucotton, y así nacieron las toallas femeninas Kotex. Pero la innovación más exitosa de Ernst Mahler, estaba por venir y le llegó de forma contagiosa. Un día Ernst se encontraba en la compañía con un terrible resfriado, y para evitar el constante flujo nasal, tomó un trozo de esa fibra maravillosa y la puso en su bolsillo. Hasta ese momento la fibra desechable ya era indispensable para las mujeres, pues además de las toallas Kotex, también habían sacado a al mercado un producto de moderado éxito para la limpieza del maquillaje, le llamaban Kleenex.  Cuando la salud de Ernst volvió, promovió un nuevo mercado para su fibra de celulosa favorita, y gracias a eso hoy los pañuelos desechables, mejor conocidos como Kleenex son nuestra mejor compañía para esos días de catarro junto con el té de manzanilla.

Todos estos productos innovadores, hoy son algo cotidiano y que damos por hecho en nuestra vida moderna y acelerada. Quien podría hoy, pensar con tranquilidad en un mundo donde no existe el papel higiénico, las toallas sanitarias o los pañuelos desechables. Gracias a Ernst Mahler podemos comprar productos que se usan y se desechan una vez que los utilizamos. Este tipo de conducta muy arraigada en la sociedad actual, nos ha llevado a lo que se conoce como la sociedad desechable, lo que ha provocado varias situaciones desfavorables. Por supuesto que la contaminación es parte de estas consecuencias graves, y la evolución de los productos desechables es la obsolescencia programada que la intensifica. La mayoría de los productos de consumo, y especialmente los de alta tecnología están diseñados actualmente para desecharse en pocos meses para ser sustituidos por la nueva versión.

Todo este cambio cultural promovido por la industria del consumo comenzó con productos como los Kleenex, pero la verdadera gripe social va a requerir algo más que un pañuelo desechable para contenerlo. El problema grave comienza cuando comenzamos a ver a las personas a nuestro alrededor, nuestros amigos, parientes o parejas como si fueran un pedazo de fibra desechable. Actualmente la forma en que las relaciones se desarrollan promueve una ligereza en la forma en que convivimos que motiva a relaciones más superficiales y efímeras. Lo que antes se iniciaba con todo un protocolo romántico, incluidas serenatas, cenas, regalos y hasta conocer a los papás, se ha transformado en elegir personas por foto, un me gusta y un emoji con ojos de corazón. Y después del corto romance viene la despedida que puede significar algo tan simple como dejar de escribir, o en algunos casos bloquear al individuo. Sobre todo las personas que cambian mucho de residencia tienen más intensificado este comportamiento, donde las relaciones, sean familiares, amistades o parejas, pueden ser fácilmente sustituibles.

Es un hecho que la innovación puede llevarnos a solucionar problemas importantes para las personas, pero siempre debemos considerar como el uso de la tecnología  puede traer consecuencias indeseables, y sobre todo como cambia la forma en que nos relacionamos los unos con los otros.

Las personas somos altamente sociables y dependemos de las relaciones que establecemos entre nosotros, entre más fuertes y duraderos sean los vínculos afectivos, más saludables serán nuestras relaciones y nuestra salud emocional.

Te invito a que le des tiempo a ese amigo o a esa persona que estimas y casi no ves, si puedes verla  en persona, compartan su espacio, y si por alguna razón el momento se pone sentimental lleva unos Kleenex para las lágrimas de emoción.

 

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