El canto de los gallos

 

Quiero compartir algo valioso con ustedes, algo que a cualquiera que tenga el privilegio de trabajar en educación, le sucederá en algún momento de su carrera.

Y es que cualquier persona que dedique su tiempo y compromiso para ayudar a sus semejantes a alcanzar su potencial, tarde o temprano encontrará la satisfacción de observar los frutos del esfuerzo en manos de aquellos que ha apoyado. No importa la ayuda que brindas como educador es para un niño que quiere ser campeón de natación, o para un adulto que nunca tuvo en su juventud la oportunidad de aprender a leer; en cualquier caso, tu alumno terminará convirtiéndose en el maestro, y tal vez te mostrará las respuestas que has buscado durante algún tiempo.

Y es que la sabiduría se encuentra escondida en los pequeños detalles, donde la luz reflejada en los ojos de un niño, justo después de entender algún problema complejo, permiten observar por un instante la grandeza de sus sueños; En las lágrimas de una madre al observar  en una foto, la cómoda habitación del hotel donde dormirá su hijo al haber ganado un viaje en el extranjero, ahí podemos ver un fragmento pequeño del gran sacrificio que ha empeñado por el futuro de su hijo;  En el pequeño gesto del chico que por primera vez sale de su país, y que lejos de su tierra, reconoce el rostro de la necesidad y actúa, tomando sus dos únicas monedas para ponerlas en la mano de un anciano indigente, lo que nos muestra como la grandeza de un corazón generoso no entiende de fronteras o límites.

Las verdaderas lecciones de la vida están ocultas en esas pequeñas anécdotas que realzan la trayectoria de las personas que trabajan por sus sueños; si tenemos suerte y nos podemos acercar lo suficiente, es posible que las lleguemos a descubrir.

En la Universidad Virtual, contamos con un programa llamado Telebachillerato Comunitario, con el cual podemos ofrecer de una manera cercana, la preparatoria en 354 comunidades rurales en nuestro gran Guanajuato. Lugares sin pavimento, pero con caminos muy andados; Sin mucho que comer, pero con mucha hambre de éxito; Lugares bellísimos enmarcados por una monumental naturaleza, haciendo ver humilde al más grande edificio. En estos espacios apoyamos a casi 18,000 jóvenes para que sueñen, y en muchas, muchas ocasiones, sueñan sueños grandes.

Hace algunas semanas, cuatro de estos jóvenes practicaban para un concurso de robótica al que iban a asistir. El concurso era en Puebla. No sólo representaban a su comunidad Palmillas de San Juan, sino a todo el Estado. Trabajaron muy duro, sentados en la tierra y alentados por el canto de los gallos del corral cercano, encontraban errores y los corregían para hacer pruebas de nuevo.

Estos jóvenes, armados solamente con su pasión compitieron contra varios equipos del país, con preparatorias del Tec de Monterrey y otras escuelas con más recursos de los que ellos contaban y han logrado obtener el primer lugar en el regional de robótica en Puebla, enfilados para el nacional y de ahí al mundial en China.

Un largo trecho les espera aún a estos jóvenes pero no quiero dejar pasar su esfuerzo sin agradecerles. Y reconocer que cuando se trata de educación, el aprendizaje siempre se presenta en ambos sentidos. Estos chicos nos enseñan lo realmente importante para triunfar; no hacen falta recursos suficientes, ni las mejores oportunidades, ni siquiera hace falta que el terreno este parejo. Sólo hace falta un sueño, pasión inquebrantable y el canto de algunos gallos.

Te invito a que hagas a un lado tus pretextos, cargues tus sueños en hombros y emprendas el viaje hacia un mejor futuro; lleno de generosidad compartas lo que has aprendido y tal vez de regreso también recibas respuestas.

 

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