Dos letras de más

Hace 4 años, la vida le dio una lección a Karewit, de esas difíciles de asimilar, pero que cambian el rumbo  de nuestra historia. Un joven como cualquier otro, llamado Karewit, subió a un automóvil sin imaginar que esa sería la última ocasión en que podría mantenerse de pie por sus propios medios, como cualquier otro.

El accidente que sufrió en ese auto, lo dejó sin habilidades que se consideran dadas por hecho. Mantenerse de pie, moverse con independencia, simplemente vestirse o comer,quedaron de un momento a otro lejanos a la posibilidad del muchacho.

Para cualquier joven esta puede ser una causa más  que justificada para perder toda esperanza en el futuro. Para cualquier otro, más no para Karewit.

No es una lección agradable. Sobre todo está la ironía del dolor. Los nervios lastimados en espalda y cuello le impiden moverse y tener cualquier mínima sensación en torso y extremidades. Sin embargo, el dolor de los nervios mutilados persiste y es constante, recordándole que sus miembros están ahí, reclamándole el daño y haciéndole saber que cada día será así.

Karewit ya estudiaba en la Uveg antes del accidente. Avanzaba en las asignaturas de la ingeniería en gestión de proyectos, cuando sufrió su lesión. Por supuesto esto significó un alto en el camino incluyendo sus estudios. Una vez que recuperó el ánimo, entró a rehabilitación y restableció parcialmente la movilidad de sus manos. Solo eso necesitó para retomar su vida. La flexibilidad del modelo en línea le permitió reintegrarse en donde se quedó, y con el apoyo de sus tutores y maestros, en poco tiempo concluyó su carrera. No solo eso, además de terminar su Ingeniería, Karewit con su extraordinaria actitud y compromiso con su propósito; concluyó con mención honorífica, y fue ganador de un concurso internacional de negocios que le hizo acreedor de una beca en el extranjero.

No es mi intención minimizar el esfuerzo que los familiares y amigos empeñaron para que este joven lastimado del cuerpo, pero sobre todo en su alma pudiera volver a sonreír. El esfuerzo de su gente fue indispensable. Sin embargo nada hubiera sido posible sin el corazón inquebrantable de este chico.

Tengo la fortuna de dirigir el rumbo de la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato, la Uveg, la institución en la que el admirable Karewit mantuvo su confianza. Acompañar a personas como él en su camino, sin importar lo largo o complejo del mismo; ha sido un gran regalo y una enorme enseñanza para todos los que colaboramos en la institución. Nosotros ayudamos a que la puerta se abra a los sueños y proyectos de cada uno de los más de 87,000 personas que confían en nosotros en alguna modalidad de estudio; pero definitivamente el reconocimiento completo es de los que se atreven a enfrentar cualquier obstáculo para ser merecedores de las metas que se proponen. La tecnología es un gran soporte para este tipo de modalidad pues permite estudiar desde la comodidad de su casa, en el receso laboral, o incluso después de dormir a los niños.

Este tipo de instituciones ven hacia el futuro, adaptándose a las necesidades de las personas y trabajando de manera conjunta por los sueños de la sociedad. No existen los pretextos cuando adultos mayores, personas con capacidades diferentes, hombres con dos turnos de trabajo, mujeres madres de familia y jóvenes con aspiraciones de ser deportistas; deciden que es tiempo de alcanzar sus sueños, cueste lo que cueste.

El día que Karewit obtuvo su título nos compartió a todos los presentes la lección que recibió de la vida, y por más increíble que pueda parecernos, lo que la vida le brindó a Karewit fue una lección de ortografía; pues para él queda muy claro que a la palabra imposible, le sobran las dos primeras letras.

Gracias al espíritu de personas como este joven podemos recordar la grandeza del ser humano. Deseo que estos dos minutos inspiren a cada uno a reconocer su sueño y borrar con él esas dos letras, alcanzando de ese modo lo que nos parecía imposible.

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